Trató de serenarse, aunque sentía una gran inquietud, y dijo:
—Marti, Valerio me tiene prácticamente secuestrada en la mansión Ramírez. No sé si quiere investigar qué pasó o si trae algo más entre manos. El verdadero problema es que, antes de acabar en la delegación, destruí un equipo que vale diez millones de pesos. Me imagino que Luciano Navarro ya les contó. Valerio me advirtió que, si intento escapar, va a levantar cargos penales por los daños. Marti, ¿qué hago?
Al terminar, Erika esperó en silencio una respuesta.
La línea se quedó en calma durante varios segundos hasta que se escuchó:
—¿Ese infeliz te está amenazando por dinero? No me extraña nada de él. Mira, no le busques pleito de frente. Hazle creer que te vas a quedar tranquila en la mansión, luego inventa que quieres ir de compras y nos vemos en alguna plaza, ¿qué dices?
Erika preguntó, invadida por la angustia:
—¿Y si no me deja salir?
—Dile que te pueden acompañar sus escoltas —respondió Martina—. Del resto me encargo yo. Tú no te agobies. Respecto al equipo, eres empleada de Estudio Lumina y fue un accidente laboral; Luciano se hará responsable. Además, también cuentas con Adrián. Lo vamos a resolver juntos. No vamos a permitir que, por esa cantidad de dinero, quedes atada a él para siempre. Ese imbécil no vale madre...
Como siempre, Martina no tenía pelos en la lengua. Se enojó tanto que soltó una maldición tras otra por el teléfono sin poder detenerse.
Erika, por su parte, tenía miedo de que Valerio volviera en cualquier momento o de que Isabel bajara a buscarla y algún empleado la escuchara.
Tenía el corazón a mil por hora y, sobre todo, no quería meter a su amiga en problemas.
Con ese peso en el pecho, se lo dijo directamente:
—¿Te vas a arriesgar a sacarme así nada más? —preguntó Erika, desanimada—. Pero, ¿dónde me escondería? Son más de diez millones de pesos. Si a Valerio se le cruzan los cables, es capaz de refundirme en la cárcel. Y si la agarra contra ustedes, en verdad va a...
Lo que más le preocupaba a Erika era perjudicar a Martina.
El tema del dinero le importaba poco. Si no tenía cómo pagar e iban a proceder legalmente, igual y no le daban mucho tiempo en prisión.
Además, al estar embarazada, dudaba que la metieran en una celda; a lo mucho la marcarían como morosa en el buró de crédito.
Cualquier cosa era mejor que vivir aterrada bajo ese techo.
Nadie sabía en qué momento Valerio podría enloquecer otra vez y terminar arrastrándola de nuevo al hospital.

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