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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 238

Cuando Isabel cerró la puerta, Erika se quedó tirada un rato más, sin hacer ruido, hasta que por fin reunió las fuerzas necesarias para levantarse.

Escogió un vestido holgado y arrugado a propósito, y buscó una mascada para amarrársela al cuello y así cubrir las marcas tan obvias que le había dejado él.

Apenas llegó al descanso de la escalera, bajó la vista y notó unas enormes pantuflas.

Levantó la mirada poco a poco; Valerio estaba de pie, un par de escalones más abajo, y le extendía la mano con la palma hacia arriba.

—Dame la mano. Cuando terminemos de comer, las acompaño de compras.

Erika podría haber pasado por alto la primera frase, pero la segunda...

Era cierto que desde la noche anterior había decidido buscar a Martina y marcharse ese mismo día, sin importar cómo fueran los preparativos.

Sin embargo, luego pensó que Martina tal vez aún no tenía el cheque en sus manos.

Si ella desaparecía de repente, seguramente encendería todas las alarmas de Valerio.

Y si por azares del destino él llegaba a investigar al abogado, la situación se volvería todo un caos.

Aun con todo en contra, Erika ya tenía planeado verse con Martina.

Antes de bajar, de hecho, le había mandado un mensaje avisándole que se verían en el lugar que habían acordado.

Pero si Valerio iba con ellas...

Erika le echó un vistazo de reojo a los empleados que andaban por toda la sala y, a regañadientes, terminó por darle la mano.

Antes de largarse, tenía que mantener las apariencias. Un solo error y todo su plan se iría a la basura.

En cuanto llegaron a la mesa, Valerio se portó como todo un caballero y le apartó la silla.

Hasta se tomó la molestia de revolverle la comida y esperar a que no estuviera tan caliente antes de ponérsela enfrente.

A su lado, Isabel no cabía de la emoción:

—Valerio, ¿en serio vas con nosotras de compras? ¡Híjole! ¿A poco no nos van a acorralar los reporteros?

Valerio ni la peló. Prefirió clavarle la mirada a Erika.

—¿Ya saben a qué plaza van a ir? Le diré a Diego que mande a despejar el lugar para ustedes —dijo con calma.

La mano de Erika, que sostenía la cuchara, se detuvo en seco.

¿Despejar la plaza entera?

Capítulo 238 1

Capítulo 238 2

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