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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 444

Unos minutos después, Alma salió de la máquina. Erika se apresuró a tomarla en brazos, estrechándola fuertemente contra su pecho.

Tras escuchar al médico indicarle a qué hora le entregarían los resultados, salió directamente de la sala.

Apenas cruzaron la puerta, Alma, apoyada en el pecho de Erika, señaló hacia atrás y dijo:

—Mami... mira mami, ensucié la camisa del señor. Yo fui quien lo hizo, así que quiero llevármela a casa para lavarla y que quede limpia.

—Tranquila, mi amor, mami se encargará de eso más tarde. Primero vamos a hacer los demás exámenes.

Mientras hablaba, Erika aceleró el paso sin siquiera mirar hacia atrás.

Diego, que estaba esperando en la puerta, notó el semblante ensombrecido de Valerio y lo rápido que caminaba Erika. Atrapado en el medio, decidió apresurarse y seguirle el paso a ella:

—Señorita Milán, es por aquí, por favor sígame.

Erika no le respondió a Diego, pero tampoco lo rechazó.

Solo se detuvo un momento, miró hacia atrás y les pidió a Adrián y a Amelia que llevaran a los otros dos niños a jugar un rato al jardín del hospital.

Allí había demasiada gente y un fuerte olor a desinfectante; no era el mejor lugar para que los niños estuvieran esperando.

Durante el resto de los exámenes, Valerio hizo exactamente lo mismo que antes: las siguió de cerca, hizo compañía a Alma y la consoló con cariño.

Erika no tenía la energía ni el ánimo para armarle un escándalo o hacer un berrinche.

Solo deseaba que terminaran rápido, obtener los resultados e irse a casa con sus hijos.

Cuando concluyeron todos los estudios, ya en uno de los largos pasillos del hospital, Erika sacó de su bolso un pequeño muñeco de trapo con voz y se lo entregó a Alma, diciéndole con dulzura:

—Alma, quédate sentadita aquí jugando un ratito. Mami tiene que darle las gracias al señor, hablamos unos minutos y luego iremos a buscar a tus hermanos.

El tono de Erika carecía de ira o de odio; era tan monótono como si estuviera dando el reporte de un trabajo o explicando un trámite.

Al terminar de hablar, dio media vuelta para regresar con Alma.

Pero apenas dio un par de pasos, Valerio la tomó del brazo y le dijo con voz suave:

—Tú ya terminaste de hablar, pero yo no. Faltan dos horas para que entreguen los resultados, así que vamos a hablar.

Mientras lo decía, Valerio le hizo una seña a Diego. Este entendió de inmediato y fue a sentarse junto a Alma. Sin darle oportunidad de negarse, Valerio arrastró a Erika hacia la puerta de las escaleras.

—¡Valerio Ramírez! ¿Qué intentas demostrar, que tienes mucha fuerza? ¡Te estás comportando como un salvaje!

Erika intentó soltarse mientras le reclamaba en voz baja.

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