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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 240

Valerio se levantó poco a poco.

—¿Quieres que te lleve en brazos hasta allá? —preguntó con suavidad.

—No hace falta, ya estoy bien —respondió Erika en tono frío, y sin pensarlo dos veces enfiló hacia el baño.

No quería cruzar una palabra más con él. Lo que más le urgía en la vida era encontrarse de una buena vez con Martina.

—Aquí te espero; ten cuidado, que ese tipo de mármol es bien resbaloso.

Al escuchar esa advertencia a sus espaldas, Erika se frenó un momento, pero no le contestó y simplemente se metió al lugar.

Apenas cruzó la puerta, sintió que alguien la jalaba. Era Martina, que la metió a uno de los cubículos.

Una vez dentro, Erika se le aventó a los brazos; tenía tal nudo en la garganta que ni siquiera podía hablar.

Martina la abrazó con la misma fuerza, pero no tardó en separarse un poco.

Se llevó un dedo a los labios, pidiéndole que hiciera silencio.

Sacó un pañuelo de papel para limpiarle las lágrimas, se secó las suyas y de inmediato sacó su celular. Escribió algo a toda prisa y se lo enseñó a su amiga.

[Lo que te voy a decir es confidencial. Mejor por escrito, por si nos escuchan.]

Erika asintió enseguida.

Martina escribió de nuevo.

[Ya te tengo la casa en el pueblito, pero el abogado salió de viaje. Regresa hasta pasado mañana, te va a tocar aguantar un par de días más.]

Erika le arrebató el celular y contestó de prisa.

[Va, pasado mañana te marco en la tarde, ahí veo cómo me las arreglo.]

Al leer el mensaje, Martina sacó un telefonito de esos ultradelgados junto con su cargador, se los dio y se acercó a su oído.

—Es fácil de esconder, así nos mantenemos al tanto —le susurró.

Erika no dejaba de asentir, así que Martina sacó un paquete grande de pañuelos, encajó el celular en medio y lo metió directamente en la bolsa de Erika.

Al ver cómo Martina armaba todo el circo con tanta agilidad, a Erika le entró una punzada de ternura.

De complexión alta, vestido con camisa negra y pantalón negro, y con el cuello un poco desabotonado, como le gustaba traerlo siempre.

Aunque andaba de cubrebocas y con gorra para que no le vieran la cara, esa facha de rebelde sin causa y lo guapo que era, seguía atrayendo la atención de muchas mujeres.

En el poco tiempo que llevaba ahí, ya había visto a tres mujeres acercarse a hablarle.

Erika no alcanzó a escuchar qué le decían, así que le valió y pensó en mejor regresarse a la tienda por su cuenta.

Avanzó a paso lento, pero en cuanto estuvo a punto de pasar a un lado de él, Valerio aceleró el paso y la agarró de la mano de un jalón.

Y para colmo, soltó un tono todo mimoso:

—Ay, amor... ¿por qué te tardaste tanto?

Erika frunció el ceño y sin querer miró a las otras mujeres que andaban por ahí.

Las chavas le estaban echando unos ojos que nada más les faltaba fulminarla con la mirada.

Con una flojera inmensa y sin ánimos de meterse en niñerías, Erika les restó importancia y habló con frialdad:

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