Parecía que por fin se había librado de ese hombre, pero de ahora en adelante, ¿cómo iba a salir adelante sola con su embarazo? La vida no sería nada fácil.
Pensar en todo esto hacía que a Martina se le partiera el corazón. Erika era una buena mujer, había sufrido tantas injusticias desde niña, y ahora que era adulta, le había tocado un matrimonio tan miserable...
Ambas iban inmersas en sus propios pensamientos. Poco después, Martina metió el coche en un estacionamiento y lo apagó.
Se giró lentamente hacia Erika y le dijo con pesadumbre:
—Eri... te tengo una mala noticia. No se pudo cobrar el cheque. Tenía una vigencia de solo diez días para hacerlo efectivo. O sea, ya no sirve de nada.
Martina habló despacio. Tenía miedo de alterar a Erika o de causarle más estrés, pero era algo que no podía ocultarle.
Al escuchar la noticia, Erika se quedó paralizada por un momento.
Sin embargo, recuperó la compostura rápidamente. El simple hecho de no tener que pagarle a Valerio la indemnización por aquel equipo arruinado ya era un gran alivio para ella. Con los ahorros de su trabajo podría mantenerse por un tiempo sin problemas. Tendría que ir viendo cómo resolver las cosas sobre la marcha.
—No pasa nada, Marti —respondió Erika con voz suave—. Al quitarme de encima esa enorme deuda, ya no me preocupa que vayas a salir perjudicada. Todavía tengo dinero ahorrado, y el costo de vida en Villa Maculís no es tan alto, podré arreglármelas bien.
Martina asintió varias veces y le tomó la mano.
—Me alegra que te lo tomes con tanta calma, es lo mejor. Además me tienes a mí, no te preocupes, no dejaremos que nuestros bebés pasen hambre.
Después de decir eso, Martina miró repetidamente hacia afuera, como si estuviera buscando algo.
Se cambió de ropa ahí mismo antes de salir a toda prisa hacia su oficina.
Todo el proceso la había tenido con los nervios de punta. Sabía muy bien que Erika también estaba consciente de que, si no lograban escapar en esta ocasión, conociendo el carácter de Valerio, era muy probable que la dejara encerrada en la mansión para siempre.
Ese hombre actuaba como un desquiciado; hoy, al tenerlo cerca, confirmó que realmente estaba loco.
Los recuerdos de Martina se detuvieron ahí al pensar en cómo Valerio había intentado tenderle una trampa hace apenas unos momentos.
Esta vez estaba alerta. Se quedó sentada en la silla, bajó las manos y, escondiendo el celular debajo del escritorio, comenzó a redactar un mensaje para Erika.
[Eri, hace rato Valerio regresó de la nada a la oficina. Es obvio que sospecha que yo te ayudé a escapar. Qué bueno que fuiste lista y no me devolviste la llamada, porque si el celular hubiera sonado, no habría tenido cómo justificarlo. ¿Cómo vas? ¿Por dónde andan?]

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