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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 265

Marcos apretó los dientes, lleno de rabia:

—Mi hija tuvo un accidente y terminó en el hospital. ¡Por los reportes de tipo de sangre descubrí que, genéticamente, mi esposa y yo jamás podríamos haberla engendrado! Después de más pruebas, confirmamos que no es nuestra hija biológica. La única posibilidad es que algo pasara en ese hospital.

—Quienes pueden permitirse ese lugar son familias de alto nivel. Si ocurrió un error así, seguro fue culpa de alguien como tú tratando de sacar ventaja. ¡Investigué a las familias de todo el personal y solo tú tienes una hija de la misma edad! ¡Si no fuiste tú quien manipuló todo para cambiar a las bebés, ¿quién más pudo ser?!

Como Penélope estaba acostumbrada a ser obstinada y cínica, no cambió de expresión y respondió:

—¿Con esa excusa ya concluye que yo lo hice? ¿Acaso alguien más no pudo haber hecho el cambio para favorecer a un familiar? ¿O qué tal si usted ofendió a alguien y le cambiaron a la niña por venganza? ¡Si no tiene pruebas, deje de difamarme!

Tras decir esto, el rostro de Marcos se ensombreció cada vez más. Apretó los puños con fuerza, como si estuviera a punto de golpearla.

Al ver esto, Penélope le lanzó una mirada rápida a Joaquín.

Al instante, se llevó una mano al pecho, fingiendo una expresión de dolor extremo, y se dejó caer al suelo lentamente, dándole mucho realismo.

Luego, forzó la voz para agregar más drama:

—Amor... Las pastillas... Mi corazón...

Joaquín no era nuevo en esas actuaciones, así que empezó a gritar:

—¡Mi vida! ¡No te alteres, tranquila! ¡Tranquila! ¡Ahorita mismo te traigo tus pastillas!

Mientras corría hacia la habitación, Joaquín observaba de reojo a Marcos.

Éste parecía haberse asustado con la escena de Penélope. Se levantó lentamente de la silla, mirando a la mujer en el piso, sin atreverse a dar un paso.

Desde el cuarto, Joaquín gritó a propósito:

—¡Mi vida, ya no hay pastillas! ¡Aguanta, te voy a llevar al hospital!

Joaquín salió corriendo y los señaló de forma amenazante:

Hizo una mueca, miró a Joaquín con expresión de angustia y empezó a sollozar:

—¿Qué vamos a hacer, Joaquín? ¡¿Qué vamos a hacer?! Han pasado veinticinco años, ¡¿cómo es posible que alguien lo haya descubierto?!

Joaquín soltó un profundo suspiro y le dijo:

—Tú no crees en el karma, pero me parece que nos va a caer encima muy pronto.

—¡¿Me estás echando la culpa?! —reclamó Penélope llorando—. ¡Tú también estuviste de acuerdo en su momento!

Joaquín le dio unas suaves palmadas en la espalda.

—No te estoy culpando a ti, me culpo a mí. Fui un inútil, no tenía ni para mantener a nuestros hijos. Además, ella estaba mal de salud y necesitaba tratamientos carísimos; si no hubiera sido por eso, jamás habríamos recurrido a una bajeza así.

Penélope se golpeó el pecho, echa un mar de lágrimas.

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