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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 266

En medio del llanto, Penélope se detuvo de golpe, agarró a Joaquín del brazo y exclamó consternada:

—Joaquín, ¡aquí hay algo mal! La familia con la que cambiamos a la niña no se apellidaba Jiménez. Antes de que se fueran al extranjero, fuimos a escondidas a verlos al aeropuerto, ¡y el padre no era este tal Marcos! ¿Por qué vino a buscarnos reclamando a su hija?

Joaquín también frunció el ceño al escuchar eso.

—Tienes razón... A mí también me resulta muy extraño.

Penélope se secó las lágrimas y continuó con ansiedad:

—Ahorita no podemos preocuparnos por eso. Hay que pensar en qué vamos a hacer mañana. ¿No escuchaste que va a volver? ¡¿Qué hacemos?!

Joaquín lo meditó un poco y sugirió:

—¿Y si hacemos que Samuel e Isabel se regresen antes de tiempo? Nosotros nos vamos a esconder a un pueblo un rato. En cuanto a Erika...

—¡¿Escondernos?! ¡¿Adónde?! ¡¿Vas a cerrar la empresa?! ¡¿Acaso no vamos a seguir con nuestra vida?! —lo interrumpió Penélope de forma tajante.

Joaquín, mientras ayudaba a Penélope a acomodarse, soltó un suspiro:

—Entonces dime, ¿qué propones? Cambiando de tema, nuestra hija ya es toda una mujer y ha vivido rodeada de lujos. ¿De verdad no tienes intenciones de reconocerla?

Al escuchar eso, el rostro de Penélope se llenó de terror.

—¡¿Reconocerla?! ¡Joaquín! ¡Cambiar a un bebé de esa manera es delito y podríamos ir a la cárcel! ¡¿Cómo la vamos a reconocer?! ¿Tienes el valor para hacerlo? Y luego está Erika, esa mocosa inútil... No, Joaquín. Tenemos que pensar en algo, porque si ese tal Marcos viene a buscarnos a cada rato, nos vamos a meter en un buen lío. Hay que actuar antes de que consiga pruebas reales.

Joaquín miró a Penélope con el ceño fruncido y advirtió con tono preocupado:

—Espero que no se te ocurra hacer otra ilegalidad...

Penélope lo fulminó con la mirada.

—¡Claro que no! Mañana te encargas de llevar a Samuel y a Isabel al aeropuerto. Luego, solo tienes que seguirme la corriente.

Joaquín insistió, sintiéndose intranquilo:

—¿Qué piensas hacer? Dame una idea, si no me voy a quedar preocupado.

Allí tenía todo lo que necesitaba, incluso le habían dejado una secadora de pelo lista.

Sintió un nudo en la garganta; la inmensa gratitud hacia Martina y Adrián casi la hace llorar de nuevo.

Aunque solo eran amigos, esa amistad no tenía precio. Si en el futuro lograba salir adelante, ellos serían las dos personas a las que tendría que agradecerles toda su vida...

Mientras se secaba el cabello, su mirada se posó en la cajita que estaba sobre la mesa de noche.

Martina le había dicho que la guardara muy bien, pues adentro estaban su tarjeta de nómina anterior y la tarjeta que Valerio le había dado la vez que la obligó a operarse.

En pocas palabras, eso era todo lo que tenía.

Erika continuó secándose el pelo con lentitud mientras observaba la habitación.

No sabía si la había arreglado Martina o Adrián, pero toda la decoración, incluyendo las sábanas de la cama, eran de su gusto total.

De no haber sido por ellos, era difícil imaginar dónde estaría o qué sería de su vida en ese momento.

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