En medio del llanto, Penélope se detuvo de golpe, agarró a Joaquín del brazo y exclamó consternada:
—Joaquín, ¡aquí hay algo mal! La familia con la que cambiamos a la niña no se apellidaba Jiménez. Antes de que se fueran al extranjero, fuimos a escondidas a verlos al aeropuerto, ¡y el padre no era este tal Marcos! ¿Por qué vino a buscarnos reclamando a su hija?
Joaquín también frunció el ceño al escuchar eso.
—Tienes razón... A mí también me resulta muy extraño.
Penélope se secó las lágrimas y continuó con ansiedad:
—Ahorita no podemos preocuparnos por eso. Hay que pensar en qué vamos a hacer mañana. ¿No escuchaste que va a volver? ¡¿Qué hacemos?!
Joaquín lo meditó un poco y sugirió:
—¿Y si hacemos que Samuel e Isabel se regresen antes de tiempo? Nosotros nos vamos a esconder a un pueblo un rato. En cuanto a Erika...
—¡¿Escondernos?! ¡¿Adónde?! ¡¿Vas a cerrar la empresa?! ¡¿Acaso no vamos a seguir con nuestra vida?! —lo interrumpió Penélope de forma tajante.
Joaquín, mientras ayudaba a Penélope a acomodarse, soltó un suspiro:
—Entonces dime, ¿qué propones? Cambiando de tema, nuestra hija ya es toda una mujer y ha vivido rodeada de lujos. ¿De verdad no tienes intenciones de reconocerla?
Al escuchar eso, el rostro de Penélope se llenó de terror.
—¡¿Reconocerla?! ¡Joaquín! ¡Cambiar a un bebé de esa manera es delito y podríamos ir a la cárcel! ¡¿Cómo la vamos a reconocer?! ¿Tienes el valor para hacerlo? Y luego está Erika, esa mocosa inútil... No, Joaquín. Tenemos que pensar en algo, porque si ese tal Marcos viene a buscarnos a cada rato, nos vamos a meter en un buen lío. Hay que actuar antes de que consiga pruebas reales.
Joaquín miró a Penélope con el ceño fruncido y advirtió con tono preocupado:
—Espero que no se te ocurra hacer otra ilegalidad...
Penélope lo fulminó con la mirada.
—¡Claro que no! Mañana te encargas de llevar a Samuel y a Isabel al aeropuerto. Luego, solo tienes que seguirme la corriente.
Joaquín insistió, sintiéndose intranquilo:
—¿Qué piensas hacer? Dame una idea, si no me voy a quedar preocupado.

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