—¿Crees que me puedas regalar una copia?
Era una pieza tan buena que podría usarla en su portafolio para futuras entrevistas. Tener un estilo más a su favor le daría mucha confianza dondequiera que fuera.
Leonardo se hizo el rogar y bromeó: —Después de cómo me trataste hace un rato, me la voy a tener que pensar.
Erika soltó una risita: —Cualquiera reaccionaría así con un desconocido, ¿no crees? Además... —A punto estuvo de soltar que vivía sola, pero recapacitó y prefirió desviar el tema—: Además, tu actitud es demasiado intensa, y la verdad, sí espanta un poco.
Leonardo le respondió: —¿No que muy reservada? Eres bastante platicadora, ¿por qué el afán de ser tan cortante?
Justo en el momento en que dijo eso, la cuidadora entró de la calle. Al ver al muchacho ahí dentro, cerró la puerta y miró a Erika llena de sospechas.
Erika le pidió con amabilidad: —Por favor, ¿podrías traerle algo de tomar al joven?
La mujer dudó un segundo, pero terminó asintiendo: —Sí... ahorita le sirvo.
Leonardo sonrió satisfecho y agregó: —Solo porque me vas a invitar de tomar, te la regalo. Pero con una condición.
Erika frunció el ceño y preguntó: —¿Cuál?
Leonardo echó un vistazo a todos los regalos que estaban sobre la mesa:
—Mira, si te quedas con la foto, también te quedas con estas cosas. Y si te da mucha pena, siempre puedes regalarme algo a cambio.
Erika se quedó muda ante tal respuesta.
Con una expresión de lo más risueña, Leonardo la miró antes de agregar:
—Ya, hombre, te estoy bromeando. Oye, por cierto, ¿y tu esposo? ¿Cómo es que no lo veo por aquí?
La mano con la que Erika sujetaba la fotografía se detuvo en seco. Ese destello de entusiasmo en sus ojos desapareció, y respondió con total tranquilidad:
—Él falleció.
La sonrisa que adornaba el rostro de Leonardo se borró al instante tras escuchar esa respuesta. Completamente apenado, se disculpó:
Ella los tomó con cuidado... ¡No podía ser! ¡Era el Estudio Tiempo Efímero!
Cuando andaba en búsqueda de empleo, se había topado con esa empresa.
Pero como estaba empecinada en entrar al Estudio Blanco, ni siquiera lo tomó en cuenta.
Y tras no lograr entrar al Estudio Blanco, consiguió el trabajo en el Estudio Lumina por recomendación de Adrián...
Al revisar los papeles, Erika confirmó lo que ya sabía: aunque no llevaban mucho tiempo operando, su tamaño era del doble que el del Estudio Blanco.
Y ese muchacho tan risueño y ocurrente que tenía enfrente, resultó ser el dueño de Tiempo Efímero...
Erika no le mencionó ni una palabra de su trabajo anterior. Tras pensarlo un momento, contestó:
—Híjole... una disculpa, pero me temo que no estoy capacitada para el puesto.

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