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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 276

Erika sonrió con ligereza mientras seguía caminando.

—Entonces no me sueltes —respondió ella—. Lo mejor que podría pasar es que piensen que soy la novia de un galán mujeriego como tú.

—Híjole, pues ni modo, tendré que sacrificarme —bromeó Leonardo—. Solo que, cuando me vean mis seguidoras, a saber cuánto van a sufrir. ¿Pero qué tal? Te debió dejar agotada el vuelo, ¿verdad?

Erika negó con la cabeza.

—Para nada. Oye, ¿cómo va lo del contrato con Grupo Horizonte?

Leonardo arrugó un poco el ceño.

—Mmm... el contrato en sí no tiene problemas. Pero, justo antes de subirnos al avión, recibí un mensaje del jefe encargado de ese proyecto. Quiere agregarle una cláusula. Ahorita que lleguemos a tu casa te enseño los detalles.

Erika movió la mano de manera cortante y dijo con firmeza:

—No hace falta que lo vea. Ese contrato ya lo estructuraron los abogados y las dos partes lo aceptamos en su momento. Si quiere meterle cosas de última hora, recházalo de una vez. Mándale mensaje ahorita mismo.

—Eri, el detalle es que, aunque ya se revisó, aún no está firmado. Además, su mensaje sonaba con tono de querer negociar —explicó Leonardo.

Mientras hablaban, ambos terminaron de cruzar el pasillo. Erika echó un vistazo a lo lejos; el mánager y el asistente ya habían salido del vestíbulo con los niños.

Erika frenó ligeramente el paso y contestó:

—Cualquier empresa redacta sus contratos después de haberlo analizado a fondo; tienen todo a su favor. A estas alturas, con el documento ya en nuestras manos, cualquier cosa que quiera añadir será pura y exclusivamente para beneficio de ellos. ¿A poco me equivoco?

—Pues sí, tienes razón en eso —asintió Leonardo—. Lo que mencionaba en su mensaje la verdad sí iba por ahí...

—Exacto. Así que diles que no. No me gusta asociarme con gente tan indecisa.

Al oír eso, Leonardo asintió con la cabeza y no intentó convencerla más.

Erika retomó la conversación:

—Llévalos a mi casa primero. Yo trataré de estar de regreso antes de que empiece la transmisión.

Durante esos últimos años, los gastos pequeños que él había hecho sumaban bastante dinero, pero Erika los llevaba meticulosamente apuntados.

Tras meditarlo unos instantes, se dirigió directo a una joyería en el primer piso de la plaza.

Se paró frente a la vitrina y, tras revisar por un rato, señaló uno de los exhibidores.

—Disculpe, ¿podría mostrarme esa pulsera, por favor?

La empleada le asintió amablemente y, siguiendo su rutina de atención, se colocó unos guantes, sacó la pulsera de piedras preciosas y la acomodó sobre la bandeja de terciopelo.

Erika quedó fascinada con el material translúcido y finísimo de la joya; le encantaba.

Sin embargo, antes de que alcanzara a estirar la mano para tomarla, otra mano se le adelantó de la nada y se la arrebató.

Erika se irguió de inmediato y volteó la cabeza. Vio a una mujer con el rostro cubierto de maquillaje exagerado, vestida con un top muy corto y una falda entallada, que estaba a medio recargar sobre un hombre de panza abultada.

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