Erika miró a ambos con desconcierto:
—Si traen algo entre manos, suéltenlo de una vez.
Adrián se sentó despacio en el otro sillón y dijo:
—Eri, ¿recuerdas que hace unos años Valerio... te estuvo buscando por un tiempo y de repente dejó de hacerlo?
Erika no esperaba que Adrián le mencionara a Valerio. La mano con la que sostenía la cucharita del café se detuvo en el aire un segundo, pero de inmediato recuperó la compostura y preguntó como si nada:
—Sí, ¿qué con eso?
—Lo que te voy a contar va para largo —dijo Adrián—. No comas ansias y déjame platicártelo todo... Poco después de que te fuiste a Villa Maculís, Valerio mandó gente para vigilar a Martina y a mí. Pero tiempo después, retiró por completo a los que nos seguían. En aquel entonces, creímos que se había dado por vencido, sin embargo...
Adrián hizo una pausa antes de seguir:
—Mientras yo seguía rastreando tu verdadera identidad, usé el acta de nacimiento que me habías enseñado para dar con el hospital. Ahí me enteré de un chisme: decían que alguien andaba investigando un caso sobre bebés que fueron intercambiados. Si sacas cuentas, el año y el mes cuadran exactamente con tu fecha de nacimiento.
»Con un buen soborno, le saqué información a una de las enfermeras. Me dijo que esa familia se apellidaba Jiménez y me dio su dirección. Cuando por fin llegué al lugar, tenían un altar fúnebre armado en la sala. No había ni una foto, nada más un letrero que decía “Hija”. Intenté sacarles plática sobre los bebés intercambiados, pero acabaron corriéndome de la casa.

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