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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 286

Cuando Erika terminó de hablar, ya casi habían terminado de comer.

Sintió que con esa información era más que suficiente para dejar las cosas claras.

—Adrián, me regreso a trabajar. Acuérdate de venir con Marti en la noche para que nos tomemos unos tragos los tres.

Él no respondió. Justo cuando Erika abría la puerta del coche, preguntó con voz apagada:

—¿De verdad piensas casarte con él?

Erika, que apenas había puesto un pie en el suelo sin llegar a levantarse, sintió un vuelco en el corazón al escuchar tanta tristeza en su voz.

No quería lastimarlo, pero... a veces el dolor era inevitable.

Erika bajó del coche con naturalidad, se inclinó para mirar hacia adentro y le dijo a Adrián:

—Sí, si veo que vale la pena, lo voy a considerar.

—Eri... —Adrián la miró con los ojos llenos de desánimo, como si quisiera decirle algo más pero no se atreviera.

Erika fingió que tenía prisa y se miró el reloj en la muñeca:

—Adrián, ya se me hace tarde, platicamos en la noche. No se te olvide pasar por Marti.

Dicho esto, cerró la puerta de golpe y caminó hacia el edificio de oficinas de Leonardo sin mirar atrás.

Mientras tanto, Adrián se quedó petrificado en el asiento del conductor, incapaz de moverse durante un largo rato.

Las palabras de Erika le daban vueltas en la cabeza una y otra vez.

Le daba coraje no haber tenido el valor de declarársele. Ahora ella estaba con alguien más, y si se casaba, perdería su oportunidad para siempre.

***

—Nuestra Eri cada vez está más cabrona. Cuando te conocí, juraba que eras de esas chavas súper tiernas y frágiles.

Erika esbozó una leve sonrisa, le rodó los ojos y se levantó de la silla giratoria con calma:

—Ya, deja de echarme tantas flores todo el día. Vamos a lo que importa.

Erika se sentó en el sillón junto a él y adoptó un tono más serio:

—Tengo dos cosas importantes que tratar. La primera: que mi oficina esté dentro de tu estudio y que mi representante, mis asistentes y mis fotógrafos anden dando vueltas por aquí todo el día siento que entorpece tu trabajo...

—No, no, no, mejor pásate a la segunda cosa de una vez. Tú te quedas aquí y no te vas a ningún lado. Si la mejor fotógrafa se me va, este estudio se viene abajo. Además, abrir el tuyo por tu cuenta sería un dolor de cabeza con tanto papeleo. Mejor aprovecha ese tiempo para estar con los niños —se apresuró a interrumpirla Leonardo para negarse rotundamente.

A pesar de la firmeza de sus palabras, Erika seguía dudando.

Leonardo no solo le había cedido una oficina grande e independiente, sino que hasta había mandado acondicionar e insonorizar un cuarto súper equipado especialmente para sus transmisiones...

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