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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 339

Erika le dio unas palmadas en el hombro al muchacho y le dijo en tono amable:

—Vuelve al trabajo y échale ganas.

El joven le dedicó una radiante sonrisa juvenil:

—Sí, claro. Fue un gusto conocerla. ¿De casualidad me podría pasar su WhatsApp?

—Claro que sí —aceptó Erika, asintiendo con buen humor.

Apenas iba sacando su celular cuando Valerio agarró al chico del cuello de la camisa y lo hizo a un lado:

—¿Acosando a las clientas en horas de trabajo?

Una cosa era haber denunciado la trampa en nombre de la justicia, pero la realidad era que sí estaba en su turno.

Ver frente a sí a ese jefe que derramaba tanta autoridad terminó por intimidar al joven.

Al fin y al cabo, no quería quedarse sin trabajo; el restaurante tenía buen ambiente y el sueldo le convenía.

Rápidamente volvió a guardarse el celular, murmuró un «disculpe» y salió corriendo de regreso al piso.

En cuanto el mesero se fue, Erika ignoró por completo la presencia de Valerio y le mostró a la cajera el código en la pantalla:

—¿Me vas a sumar la tarifa extra por la mesa o no?

—No... ya no es necesario... —respondió la cajera con mucha incomodidad.

De vez en cuando, le echaba vistazos furtivos a Valerio.

Había presenciado todo el drama y sabía que la mujer frente a ella no tenía una relación cualquiera con su jefe supremo, así que ni de loca se atrevía a levantar el escáner de cobro.

Erika apenas iba a apurarla cuando, pegada al oído, sonó la voz grave de Valerio:

—Fue un gusto conocerla, ¿de casualidad me podría pasar su WhatsApp?

Erika se quedó sin palabras.

Definitivamente ese hombre no estaba bien de la cabeza.

Decidió ignorarlo y volteó hacia Amelia:

—¿Traes efectivo?

Amelia, con expresión apurada, negó con la cabeza.

Erika frunció el ceño y le puso el celular a la cajera otra vez enfrente:

—Por favor, cóbrame de una vez, ya se me está haciendo tarde para volver al trabajo.

¡Había tenido el descaro de bloquear a su mismísimo jefe en su cara!

Un montón de gente en el mundo mataría por tener ese número de WhatsApp.

Y, lo que era más sorprendente, Valerio no parecía estar furioso...

A pesar de todo, la chica se armó de valor para preguntarle a él:

—Señor... ¿qué hago?

—No le cobres —respondió Valerio de forma plana, todavía enfocando sus ojos en Erika.

Erika apretó su teléfono y soltó con todo el sarcasmo del mundo:

—¡Uy! Cómo se nota que eres un empresario poderoso, qué generoso nos saliste. Creo que de ahora en adelante todas las comidas del trabajo las haremos en este lugar, total, la cuenta sale gratis.

—Cuando quieran son bienvenidos —contestó Valerio ladeando una sonrisa, con los ojos ligeramente entornados y mirándola con actitud relajada.

Ella lo escaneó con la mirada y lo atacó:

—Se nota que todavía no te arreglan ese tornillo que traes suelto.

Dicho eso, le arrebató el lector de códigos a la cajera y presionó el botón ella misma.

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