Fraude comercial. Ella no entendía mucho de eso, pero un documento oficial como ese no parecía ninguna broma.
—Erika... no te angusties ahorita, ya pensaremos en algo. Siempre hay una solución —la consoló Amelia mientras la ayudaba a sentarse.
—¿Leonardo ya lo sabe? —preguntó Erika con voz ronca, sentándose lentamente en la silla giratoria.
—Si no recibió otros documentos, lo más seguro es que no tenga idea. Este paquete llegó por mensajería a tu nombre. Pensé que era material para la sesión de fotos de la tarde, así que lo abrí de volada y... te marqué en cuanto lo vi —explicó Amelia.
Erika se quedó en silencio, repasando estrategias en su cabeza.
Había imaginado que Valerio usaría muchas tácticas para atacarla a ella y a sus seres queridos, pero nunca imaginó que caería tan bajo.
No lograba descifrar si Valerio hacía esto para obligarla a suplicarle, o si tenía otras intenciones.
De cualquier forma, no apuntaría contra Leonardo sin motivo aparente.
Aparte de la colaboración con «Club Caramelo», esos dos no tenían ninguna relación. No había razón para que llegara a esos extremos.
Además, nunca hubo diferencias en su alianza, y mucho menos Leonardo había ofendido a Valerio.
¡Todo este teatrito era un ataque directo contra ella!
—Erika... ¿qué vamos a hacer? —preguntó Amelia, sintiendo un nudo en la garganta al verla tan desolada.
Justo ahora que las cosas iban mejor, caía esta bomba.
Amelia no podía olvidar aquellos días del posparto, cuando Erika sacaba tiempo incluso para revisar las noticias de fotografía y leer libros teóricos.
Una vez recuperada, además de romperse el lomo trabajando, Erika dedicaba todo su tiempo libre a sus bebés.


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