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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 382

Amelia no dejó que la interrumpiera y continuó tratando de persuadirla con urgencia:

—Erika, ¿tienes idea de cuánto dinero vale todo esto? ¡¿De verdad vas a renunciar a todo así como si nada?! Me parece una pésima idea. Yo creo que fue un beneficio mutuo; el mérito es tuyo y deberías quedártelo...

Amelia se emocionaba cada vez más mientras hablaba, a tal punto que parecía estar a punto de tomar la decisión por ella.

Erika esperó en silencio a que terminara de hablar y le respondió con voz serena:

—Amelia, todo eso que mencionas es un cálculo de intereses, y lo entiendo perfecto... Hace tiempo, desde que me embaracé hasta que di a luz, Las dificultades que pasé no son algo que se pueda resumir tan fácilmente. En el mundo de los negocios, tú y yo hemos visto todo tipo de actitudes...

Erika hizo una pausa. Se levantó despacio de la silla, caminó hacia el ventanal y continuó con tono melancólico:

—Para mí, Amelia, además del dinero, está la lealtad. Toda la ayuda que Leonardo me brindó... para no sonar muy dramática, llegó justo en el momento en que más la necesitaba; me salvó la vida. Y además, no es solo un tema de favores, también está el cariño que surge de convivir con alguien...

Erika la miró con una leve sonrisa. —No lo digo para hacerme la mártir. Es solo que, para mí, este dinero no significa nada comparado con todo el apoyo que recibí. Además, todavía tengo la capacidad de ganar más en el futuro. En fin, hacer esto me deja la conciencia tranquila.

Amelia se aferró a los documentos y guardó silencio un buen rato antes de hablar:

—Erika... yo me voy contigo. Si tú te vas de aquí, yo te sigo.

A Erika se le empañaron los ojos de lágrimas, pero esbozó una sonrisa amarga:

—Aquí tienes un empleo estable. Además, yo todavía no tengo ningún plan concreto para el futuro.

—No me importa, me voy contigo. Voy a ordenar los archivos...

Amelia se secó las lágrimas de las mejillas mientras hablaba con voz entrecortada, y salió de la oficina abrazando los documentos.

En el instante en que la puerta se cerró, Erika también dejó escapar una lágrima.

Se quedó mucho tiempo frente al ventanal antes de recoger sus cosas y prepararse para salir del trabajo.

En cuanto Erika llegó al estacionamiento y caminó hacia la zona donde había dejado su coche, alcanzó a ver desde lejos a Ricardo recargado en su auto.

Capítulo 382 1

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