Ricardo ya había hablado hasta por los codos, pero al menos logró notar un rastro de duda en el rostro de Erika. Decidió aprovechar el impulso y atacar de nuevo:
—Aunque no llevamos mucho tiempo de conocernos, presiento que eres una mujer muy dedicada a tu carrera. Dejando a un lado si me vas a dar chance de invitarte a salir, o si alguna vez quisieras casarte conmigo... Claro, si tú quieres nos vamos a firmar el acta de matrimonio mañana mismo; yo puedo mantenerlos y así ya no tendrías que trabajar en lo absoluto...
La voz de Ricardo se apagó de golpe al toparse con la mirada glacial que Erika le estaba lanzando.
Ricardo se quedó sin palabras.
Se rascó la cabeza y dijo con evidente pena:
—Me desvié del tema, perdón, me desvié del tema. Vamos a lo importante... Mira... ahorita tienes a tu cargo a tres niños pequeños. Cuestan comida, pañales, colegiaturas y demás... Vaya, no la tienes fácil. Si tuvieras la oportunidad de hacer que tu carrera despegara a lo grande, ¿no crees que podrías darles una mejor educación y una mejor calidad de vida? ¿Tú qué piensas?
Después de soltar todo eso, Ricardo se quedó callado y comenzó a analizar minuciosamente a Erika.
Por su parte, tras escuchar todo el discurso de Ricardo, ella también se hundió en el silencio.
Apretó la invitación con los dedos; tenía la cabeza hecha un lío.
Antes, los contratos y los proyectos le llegaban por su propia reputación o gracias al inmenso prestigio que tenía «Tiempo Efímero» en el mercado.
Cuando Leonardo promocionaba a los fotógrafos del estudio, Erika usaba el seudónimo de «Luz».
Aparte de sus compañeros de trabajo, nadie más conocía su verdadero nombre.
Además, para respetar su decisión, Leonardo había incluido una cláusula de confidencialidad en los contratos de todos, la cual prohibía revelar la información personal de cualquier colega.
Incluso cuando le tocaba trabajar en alguna sesión de fotos, siempre usaba un atuendo diferente, arreglándose de una forma que la hacía lucir muy distinta a como era en realidad...
Pero ahora que había decidido irse de «Tiempo Efímero» y perder ese escudo protector, tendría que enfrentarse a la realidad: o se quedaba sin clientes, o revelaba su identidad.
En el pasado se había estado escondiendo de Valerio, pero a estas alturas parecía no tener ninguna buena razón para seguir en las sombras.


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