Al día siguiente, al mediodía.
Erika acababa de elegir su vestido en casa de Martina cuando recibió un mensaje de texto de ella.
Martina le pedía que consiguiera primero las invitaciones, ya que ella también asistiría al banquete esa noche.
Erika marcó rápidamente el número de Ricardo:
—Señor Ríos...
Apenas Erika empezó a hablar, Ricardo la interrumpió con entusiasmo desde el otro lado de la línea:
—Señorita Milán, no me diga nada, déjeme adivinar: va a ir al banquete de esta noche, ¿verdad?
Erika asintió con un sonido afirmativo y luego preguntó:
—¿Todavía puede conseguir invitaciones por ahí? Esta noche, una amiga quiere acompañarme a echar un vistazo.
Ricardo dudó un momento y dijo:
—Deme cinco minutos, le devuelvo la llamada en un rato.
Al poco tiempo, Ricardo volvió a llamar:
—Sí hay. ¿Para hombre o mujer?
—Para mujer —respondió Erika—. Sobre esto... muchas gracias.
Ricardo le restó importancia:
—No es ninguna molestia... ¿Paso a recogerlas esta noche? Solo mándeme la dirección.
Erika lo rechazó con tacto:
—No es necesario. Nos vemos a las siete de la noche en la entrada del salón de banquetes.
Erika colgó el teléfono, guardó bien su vestido y por fin salió de la casa de Martina.
Cuando regresó a «Tiempo Efímero», se llevó la sorpresa de encontrar a Leonardo sentado en su oficina.
Al verlo, Erika pensó inmediatamente en Chlóe, pero por fuera lo saludó con la misma naturalidad de siempre:
—Leonardo, ¿ya comiste?
Leonardo observó la bolsa de papel que Erika llevaba en la mano y respondió con voz suave:
—Bueno, diviértete tranquila en el banquete y no tomes mucho. Yo no tengo compromisos esta noche, así que iré a pasar el rato con mis pequeños consentidos. Te dejo trabajar.
Apenas terminó de hablar, le sonó el celular a Leonardo, y sin esperar a que Erika respondiera, salió a toda prisa de la oficina.
Erika se sentó lentamente en su silla, con la mirada perdida y una expresión solemne.
Poco después, Amelia entró corriendo con unos documentos en brazos:
—Erika, ya terminé de organizar todo esto, y ya les avisé a los demás que guarden el secreto por ahora. Como todos salieron ganando de una forma u otra al aceptar el proyecto, dudo mucho que alguien se lo vaya a chismear al señor Romero antes de que nos vayamos.
—Mhm —respondió Erika sin mucho ánimo—. El señor Romero acaba de salir, por lo visto todavía no se entera de nada.
—Erika... ¿por qué decidiste irte de aquí tan de repente?
Amelia había querido preguntarle desde el día anterior, pero se contuvo al ver el mal semblante de Erika.
Pero hoy, viendo cómo Erika manejaba las cosas en secreto como si planeara huir a escondidas, sentía cierta inquietud.
La mirada ausente de Erika se posó en el rostro de Amelia. Quizás adivinando lo que pensaba, comenzó a hablar con lentitud:
—Después te explico los detalles, Amelia. ¿Verdad que crees que estoy haciendo todo esto a escondidas porque quiero irme sin decir nada?

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