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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 511

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—Mira esto, seguro te va a encantar.

Dicho esto, Valerio soltó la mano de Erika y, sin prisa, retiró la fina tela de terciopelo.

La mirada de Erika se desvió instintivamente. Una cámara antigua descansaba sobre un elegante estuche de cuero.

El cuerpo de la cámara estaba forjado en metal sólido, con marcas que delataban el roce del tiempo. Era un acabado mate pero lleno de textura, emanando una belleza clásica y nostálgica.

Su forma era única, de líneas fluidas, y cada botón parecía guardar mil historias del pasado.

Esa... esa era la cámara de colección que había visto en una exposición internacional hace años.

Ese tipo de equipo no estaba a la venta. En la jerga de la industria, era una pieza invaluable. ¿Cómo diablos la había conseguido Valerio Ramírez?

Mientras la observaba, la mano de Erika se extendió sin poder controlarse para acariciar el metal. En su mente apareció de pronto aquel equipo de millones que había anhelado años atrás, pero incluso ese aparato palidecía en comparación con esta joya.

Y no era solo ella la que babeaba; si Leonardo estuviera aquí y la viera, seguramente también enloquecería de emoción. Esa codicia casi visceral por el equipo perfecto es algo que solo los verdaderos amantes de la fotografía pueden entender.

—Ya casi nadie sabe usar estas maravillas. Pero las cosas buenas deben estar en manos de los mejores dueños para que valgan la pena. Con esto, podrás hacerte de un nombre en la industria en un abrir y cerrar de ojos. Y con tu talento, ser la mejor será pan comido.

La voz de Valerio sonó de repente, y la mano de Erika se apartó de un tirón, como si se hubiera quemado.

«...»

¿Qué estaba haciendo? ¿Cómo se atrevía a babear por un regalo de ese hombre?

La cara que acababa de poner seguro era igual a la de un codicioso viendo un cofre lleno de oro...

Erika apretó los labios. Por muy valioso que fuera, no era suyo. Y por más que lo deseara, no iba a aceptar nada que viniera de él.

Estaba a punto de soltarle un rechazo tajante, pero Valerio le puso su teléfono celular frente a la cara. Ella le dio un vistazo rápido y se quedó helada de nuevo.

—¡¿Cómo que es del Grupo Ramírez?! —estalló Erika—. ¿Acaso tu empresa se mete en todos los malditos negocios del mundo? ¡¿Hasta en un simple laboratorio de impresión?! Hmpf, aunque lo sea, esto es robo de propiedad intelectual. Puedo demandarte.

Valerio se acercó a ella lentamente, con esa misma voz suave y seductora:

—Tu negocio acaba de abrir. No es de buena suerte empezar con pleitos legales el primer día. Las malas vibras espantan a los clientes.

—¡¡Tú...!!

Erika frunció el ceño y le lanzó una mirada asesina, sin saber qué más decirle.

¿Demandarlo? ¿Con qué pruebas?

Además, los dos anuncios que Valerio había armado tenían el logo de su "Estudio Prisma" al final. Cualquiera que los viera juraría que fue ella misma quien pagó por esa campaña.

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