—¿Dónde está Diego? Aún no nos hemos casado, no es apropiado que estés aquí cuidándome.
Erika se quedó helada.
¿De qué demonios estaba hablando? Y ese tono gélido y distante... era exactamente la misma actitud que tenía hace años.
Pero, al parecer, su cerebro no estaba del todo dañado si lograba recordar a Diego y sabía quién era. Aun así, esas palabras sonaban demasiado raras...
Justo en ese momento, alguien tocó la puerta. Erika corrió a abrir y vio que era Amelia con su bolso.
Erika salió de la habitación, cerró la puerta a sus espaldas, tomó el bolso que Amelia le tendía y la arrastró hacia una esquina, susurrando:
—Amelia, creo que el cerebro de Valerio se estropeó con el golpe. Está diciendo cosas muy raras.
—¿¡Qué!? ¡No puede ser! ¿Una caída de unos cuantos escalones le hizo eso? Ni que fuera un anciano de ochenta años, ¿cómo va a ser tan frágil? —Amelia abrió la boca en forma de 'O', totalmente incrédula.
Erika frunció el ceño, consternada.
—No estoy segura. Antes de caer, parecía que se había agarrado a golpes con Adrián... tal vez le dieron en la cabeza y el remate fue la caída en las escaleras.
—... ¿Y entonces qué hacemos? —preguntó Amelia en un hilo de voz.
Erika respondió con una indiferencia fingida:
—Si de verdad perdió la memoria, al menos por fin me dejará vivir en paz.
Amelia se quedó en silencio por unos segundos antes de preguntar con timidez:
—Eri... él se ha portado tan bien contigo últimamente. ¿De verdad no sientes nada por él? Hace un rato en el hotel estabas pálida del terror.
—¿Qué tonterías dices? Tú misma lo dijiste, fue puro terror. Si empujaras a alguien por las escaleras y no supieras si está vivo o muerto, ¿no estarías aterrada?
—Bueno, sí... está bien, si no sientes nada, pues no sientes nada. Entonces... ¿me regreso al estudio? —dijo Amelia, pero antes de irse recordó algo de golpe y añadió—: Ah, cierto, Eri. Martina se pasó de copas, así que le reservé una habitación en el hotel y dejé a uno de nuestros empleados cuidándola. En cuanto al señor Romero, le inventé que tuviste una emergencia y tuviste que irte rápido. Del que no vi ni la sombra fue de Adrián, tal vez se emborrachó y se fue por su cuenta.
Erika se quedó pensando un instante.
—¿Y Ricardo?
—La fecha de la boda ya está fijada. ¿Tienes alguna petición para la ceremonia?
Erika ya no sabía qué decir.
Estaba totalmente desconcertada. ¿Qué estaba pasando?
¿Acaso Valerio había sufrido la típica amnesia selectiva de las telenovelas baratas?
¡Era imposible!
Tratando de seguirle el juego, Erika respondió cortante:
—Te has confundido de persona. No soy tu prometida.
Apenas pronunció esas palabras, vio cómo Valerio empezaba a caminar lentamente hacia ella, obligándola a retroceder de manera instintiva.
No se detuvo hasta que sintió la pared contra su espalda, completamente acorralada.

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