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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 524

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Pero al segundo siguiente, él levantó su gran mano y la tomó con firmeza por el mentón.

—¿Por qué quieres casarte conmigo? ¿Qué te gusta de mí?

Erika estaba estupefacta.

¡Se había vuelto loco! ¡Completamente loco!

Le dio un manotazo para apartarlo. Su primer instinto fue sacar su celular del bolso, abrir el calendario y mostrarle en qué año estaban exactamente.

Pero luego pensó que no sería buena idea. Su explicación sería inútil. Si realmente había borrado esos años de su memoria, tendría que sentarse a relatarle toda la pesadilla que había ocurrido durante ese tiempo.

Con ese pensamiento, sacó la mano del bolso y se quedó inmóvil.

—Siéntate.

En medio del torbellino de sus pensamientos, la voz autoritaria de Valerio resonó de nuevo.

Ella obedeció, caminando despacio hasta dejarse caer en el sofá.

Valerio tomó asiento en una silla a poca distancia y la miró con absoluta seriedad.

—Hay muchas mujeres que desean casarse conmigo, pero tú me inspiras una extraña familiaridad. Estoy muy satisfecho con este matrimonio arreglado por el abuelo. Te prometo que te daré la boda más majestuosa que puedas imaginar. Pídeme lo que quieras, no dudes en hablar.

Erika alzó la vista hacia él. Viendo su postura seria y firme, casi podía creer que en verdad había desarrollado amnesia selectiva.

Sin embargo, aquellas palabras la tenían totalmente aturdida. Cuando él aceptó casarse con ella en el pasado, lo hizo como una simple formalidad para complacer al abuelo; jamás le había dirigido palabras así, mucho menos le había hecho promesas.

¿Y de qué boda majestuosa hablaba? Si su boda real había sido más aburrida que una cena de negocios común. Lo peor de todo había sido el humillante acuerdo de mantener el matrimonio en secreto.

Pero en la cabeza rota de Valerio, todo eso era un comienzo completamente nuevo.

¿Cómo era capaz de decir cosas así? ¿Le atraía? ¿Acaso había sido amor a primera vista para él? ¿Y de verdad quería hacer una boda pública con ella?

—¿Ah, sí?

Valerio sacó su propio celular y se lo tendió para que lo viera.

Erika echó un vistazo rápido, pero cuando iba a apartar la mirada, sus ojos se clavaron en la pantalla.

Era una conversación por mensaje de texto. El abuelo le había escrito:

*Mira a esta chica. Recuerdo que una vez me dijiste qué tipo de mujer te gustaba. Cuando conocí a esta jovencita, hasta yo, que soy un viejo, me quedé sin palabras. Es exactamente como me la describiste. Esto es obra del destino. La niña es dulce, bondadosa y, sin duda, será una gran esposa. Mi niño querido, tu abuelo será tu celestino, pero me prometes que la tratarás como se merece.*

Justo debajo, había una foto casual de Erika, seguida por la respuesta de Valerio:

*Abuelo, me alegra saber que no eres como mis padres, intentando obligarme a casarme para expandir los negocios del Grupo Ramírez. Estoy muy contento. Pero primero tienes que preguntarle a la chica. No pido nada más que un amor correspondido.*

Erika miró la fecha de los mensajes. Eran de unos meses antes de su boda.

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