Después de su discurso digno de abogada, Amelia se aclaró la garganta, señaló los regalos que estaban en la sala y procedió a lanzar su estocada final:
—Si quieres mi consejo, no devuelvas absolutamente nada. ¡Quédatelo todo!
Erika frunció el ceño, completamente confundida.
—¿Por qué haría eso?
—¡Ay, mi querida jefa! ¿Cómo no te das cuenta? ¡Si lo que quieres es que te deje en paz, tienes que dejar de mostrarle que eres una mujer virtuosa! Tienes que hacerle creer que tienes 'defectos' horribles. Por ejemplo, muéstrate codiciosa, aprovechada... y más adelante puedes hacerte la mosca muerta, la cazafortunas o la cualquiera. No importa qué tan mala te pintes, mientras estés dispuesta a actuar el papel, te aseguro que saldrá huyendo.
Erika se le quedó viendo fijamente, atónita. Luego, extendió ambas manos, le pellizcó las mejillas a Amelia y se las sacudió con cariño.
—Condenada escuincla, ¿de dónde sacas tantas mañas?
Amelia se rio a carcajadas, intentó devolverle el pellizco a Erika, ladeó la cabeza y preguntó:
—¿A poco no es una idea brillante?
Erika soltó una carcajada, la soltó y le dio un golpecito en la frente con el dedo índice.
—Brillante mis narices. Quieres que eche mi reputación por el inodoro.
Amelia respondió con tono triunfal:
—¡Pero solo tienes que actuar así cuando estés con él! Para el resto del mundo, seguirás siendo nuestra sofisticada y talentosa jefa. Confía en mí, es infalible.
Erika, entre risas y resignación, guardó silencio un buen rato antes de suspirar:
—Bueno... supongo que no pierdo nada con intentarlo.
Amelia dio un saltito de emoción.
—Entendido, señorita Chávez.
—¡Ay, Eri! ¡Te estás burlando de mí! —exclamó Amelia, abriendo mucho los ojos con un tono juguetón pero fingiendo indignación.
Erika rio suavemente y luego preguntó con curiosidad:
—¿Quién firmó el contrato por ellos? Se supone que una empresa tan poderosa como Grupo Horizonte debe tener alianzas exclusivas con estudios mucho más grandes. ¿Cómo es que nos cayeron con un proyecto tan importante justo el día de nuestra inauguración?
Amelia también adoptó un tono más profesional:
—El contrato lo firmó el representante del artista en cuestión. Sabemos que ellos siempre trabajan con Estudio Blanco, que es el gigante de la industria. Eri, ¿tú crees que Estudio Blanco les estaba cobrando demasiado y por eso buscaron una opción más accesible?
Erika negó con la cabeza y analizó la situación:
—Aunque Estudio Prisma acaba de abrir, no nos posicionamos por debajo de Estudio Blanco. Si me atreví a poner precios tan altos, fue porque nuestra especialización en fotografía clásica y tradicional nos respalda. Tal vez vieron nuestra campaña publicitaria y consideraron que nuestro estilo era exactamente lo que este artista necesitaba.

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