Amelia asintió con entusiasmo, dándole la razón a su socia.
—Sí, es muy probable. Eri, ¿acaso te preocupa que esto tenga que ver con ese tal Martín Falcón?
Erika suspiró levemente y confesó:
—Si no fuera porque acabamos de inaugurar, jamás habría aceptado trabajar con su empresa. Pero el contrato ya está firmado; si lo cancelamos ahora, tendremos que pagar una penalización enorme por incumplimiento. Ni hablar, trabajaremos con ellos por esta vez y veremos cómo se comportan.
—Entendido, Eri. A partir de ahora, antes de firmar cualquier contrato, primero te lo pasaré para que lo apruebes tú.
Erika se puso de pie con lentitud.
—Me parece bien. Viendo las fechas, la sesión fotográfica es muy pronto. Mañana a primera hora, pídeles a los chicos que instalen esa cámara en el estudio uno.
—Hecho. Antes de irnos, ya les avisé que a partir de ahora el estudio uno será tu espacio exclusivo para trabajar.
—Perfecto. Entonces, recojamos todo esto y vámonos de una vez. Hoy cenamos en mi casa.
...
Tres días después.
Estudio de grabación número uno.
Milena, la celebridad contratada, llegó puntual a Estudio Prisma acompañada únicamente por su asistente.
Amelia, tras verificar que todo el equipo técnico estuviera listo, se acercó a ellas con su mejor sonrisa profesional.
—Señorita Milena, por aquí, por favor.
—Muchas gracias, señorita Chávez, me da mucha pena que se tome la molestia de atenderme usted misma —respondió Milena con cortesía al leer la placa con el nombre de Amelia.
—No es molestia alguna, usted es la primera clienta VIP de nuestro estudio, es lo mínimo que podemos hacer. —Amelia sonrió y señaló con amabilidad el camino—. El área de maquillaje, los vestidores y los sets fotográficos están en la planta baja. Tenga cuidado con las escaleras, por favor.

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