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La Princesa romance Capítulo 276

—¿Y si... le preguntamos a Vanesa? —sugirió Camila, sin mucha esperanza.

Pero Vanesa no estaba; justo era fin de semana y se había ido a supervisar el proyecto de colaboración entre Venus Couture y Sabrina. No volvería hasta la noche.

No fue sino hasta las ocho que Camila, por fin, pudo ver entrar a Vanesa por la puerta. Y Elías, sin ningún remordimiento, había pasado todo el día en la casa, comiendo y bebiendo como si fuera uno más de la familia.

—¿Qué pasa? —preguntó Vanesa, extrañada al notar que las cuatro miradas estaban clavadas en ella.

—Estos dos te han estado esperando todo el día. ¿Ya cenaste? Puedo prepararte un poco de sopa de cebolla —ofreció Irma, siempre atenta.

—Mamá, no te preocupes, ya comí con unas amigas —sonrió Vanesa, quitándole importancia.

—¿Mañana otra vez tienes que salir? —Irma no ocultaba su preocupación, pues Vanesa llevaba días entrando y saliendo sin apenas descansar.

Vanesa asintió con una pequeña sonrisa—. Ya casi termino con esta racha de trabajo.

—Entonces voy a cortarles algo de fruta. —Irma sabía que no podía ayudarle mucho a Vanesa, pero al menos quería que cuando estuviera en casa se sintiera cómoda y apapachada.

Vanesa también entendía que su mamá no podía estarse quieta, así que la dejó hacer.

...

—A ver, ¿quién se metió en problemas esta vez? —Vanesa se dejó caer en el sofá, mirando a los dos que estaban parados frente a ella. Ya estaba tan acostumbrada a ver a Elías en la casa de los Balderas que ni le sorprendía.

Ambos negaron con la cabeza, pero Camila le dio un codazo a Elías, quien por fin reaccionó y le entregó su celular a Vanesa.

Vanesa arqueó una ceja, tomó el celular y le dio una ojeada rápida; enseguida captó lo que querían.

—¿Quieren ayudar a Isaac a defenderse?

Camila asintió con entusiasmo—. Isaac es muy buena persona.

Vanesa revolvió el cabello de Camila y sonrió de lado—. Sí, la verdad es que es un buen tipo. Pero, ¿saben qué hacer cuando pasa algo así?

Camila negó con la cabeza, sin saber bien a qué se refería.

—Si no tienes la fuerza suficiente para callarle la boca a los demás, tienes que encontrar tu propia manera de demostrar lo que piensas —explicó Vanesa, su voz calmada pero firme.

Ambos se quedaron medio confundidos, aunque terminaron asintiendo por inercia.

—Les paso los contactos, pero lo demás corre por su cuenta. ¿Creen poder hacerlo?

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