—¡Por supuesto que no! Fíjate bien, ¿qué es esto que me diste? Ahora compáralo con la Serie Zen de la temporada pasada de Estudio Soplo de Arte, ¿crees que soy ingenua o qué? ¿Tú crees que Estudio Soplo de Arte usaría esto para una exposición?
Apenas Inés dejó salir su voz, la acusación de plagio quedó clavada como sentencia.
El rostro de la mujer pasó de un tono rojo a uno pálido en cuestión de segundos, pero no tenía a dónde ir, así que se quedó ahí, tiesa, aguantando las miradas de todos, como si esperara su juicio.
—Esto... en realidad este también era un boceto inicial de la Colección Eterna Primavera de Estudio Soplo de Arte, ¿no está tan mal, no? —la mujer murmuró, sin ocultar su molestia, aunque su voz sonaba bajita, casi inaudible.
—¿Un boceto? —Inés elevó el tono, cortante.
—¿Me estás dando un boceto para salir del apuro? —se escuchó en la grabación el sonido de papeles cayendo.
—No es eso —susurró la mujer.
—Un boceto... ¿Tú como diseñadora no sabes cuántas versiones hay entre el primer boceto y el diseño final? ¿No tienes idea de la diferencia abismal entre uno y otro? Mira bien lo que tienes en las manos, ¿qué es esa cosa? Olvídate de ser la diseñadora principal del Grupo Gavilán, hasta dudo que seas la mejor asistente de Sabrina.
—Yo... —empezó a tartamudear, pero Inés no la dejó terminar.
—El Grupo Gavilán está por montar un taller de joyería exclusiva en el extranjero. Mira, si me entregas el diseño final, te hago la responsable del taller. ¿No sueñas con ser la diseñadora principal? Un diseño final por tu sueño, ¿no te parece justo?
El tono de Inés se suavizó, como si estuviera tentando a Blanca Nieves con una manzana envenenada.
—Eso... ¿no sería plagio?
—¿Plagio? Si tú no dices nada y yo tampoco, ¿quién lo sabría? ¿Quién podría probarlo? —respondió Inés como si fuera lo más lógico del mundo—. Además, ¿crees que dándome un simple boceto, eso dejaría de ser plagio?
Sabrina le respondió con un pulgar arriba, gesto que hizo sonreír ampliamente a Estrella.
—¿Quién garantiza que eso no es una trampa hecha con esas voces falsas de inteligencia artificial para incriminarme? —Inés sostuvo la mirada de Vanesa. Mientras ella negara todo, no habría evidencia de plagio.
Estrella no estaba para consentirla. Juntó las manos y comenzó a aplaudir, con una expresión de admiración genuina.
—¡Maravilloso, de verdad impresionante! —comentó, moviendo la cabeza de un lado a otro. Se acercó a Inés y, justo cuando la otra quiso retroceder, le pasó un brazo por el hombro.
—Oiga, señorita Gavilán, yo soy de las que se avergüenzan fácil, la verdad. ¿No me podría enseñar cómo le hace para tener esa cara y decir todo eso con tanta seguridad?
La sinceridad en el tono y la mirada de Estrella era incuestionable, pero eso solo hizo que la cara de Inés se tiñera de rojo y luego de un tono oscuro, como si fuera una paleta de colores en pleno caos.

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