Florinda Castro descubrió que su esposo, Raimundo Ortega, tenía una amante. Y no una cualquiera: se trataba de una estudiante universitaria.
Hoy era el cumpleaños de Raimundo.
Mientras Florinda daba los últimos toques a la cena de cumpleaños de Raimundo, una notificación sonó en el celular que él había dejado. Era de ella, la universitaria. El mensaje, que apareció en la pantalla bloqueada, iba acompañado de una foto.
[¡Ay, me tropecé al ir a recoger tu pastel de cumpleaños! Me dolió mucho, Rai.]
Debajo, había adjuntado una selfie.
En la foto no se le veía la cara, solo las piernas.
La chica de la foto llevaba calcetas blancas altas, zapatos de piel negros de punta redonda y una falda de uniforme azul y blanca, la cual estaba subida, revelando unas piernas torneadas, esbeltas y de una belleza exquisita.
La rodilla estaba realmente raspada y enrojecida. La combinación de la carne joven y fresca de la chica con el texto zalamero emanaba una seducción prohibida.
Dicen que, a la hora de elegir amantes, los empresarios exitosos sienten una debilidad especial por este tipo de chicas.
Florinda apretó el celular con tanta fuerza que las yemas de sus dedos se pusieron blancas.
*Ding*.
La estudiante envió otro mensaje.
[Rai, nos vemos en Jardines del Aire. ¡Quiero celebrarte tu cumpleaños esta noche!]
Hoy era el cumpleaños de Raimundo, y su amante quería celebrárselo.
Florinda tomó su bolso y se dirigió directamente a Jardines del Aire.
Quería verlo con sus propios ojos.
¡Quería ver quién era esa estudiante!
***
Cuando Florinda llegó al hotel, intentó entrar.
Pero en ese momento vio a sus padres, Gonzalo Castro y Paloma Guzmán. Sorprendida, se acercó a ellos.
—Papá, mamá, ¿qué hacen aquí?
Gonzalo y Paloma se quedaron helados. Intercambiaron una mirada y, con los ojos huidizos, dijeron:
—Flo, tu hermana regresó a San Arcadio. La trajimos para que se instale aquí.
¿Su hermana? ¿Elvira?
—Florinda —dijo de pronto Paloma a sus espaldas—. Te pregunto, ¿el presidente Ortega te ha tocado alguna vez?
Los pasos de Florinda se detuvieron en seco.
La voz de Gonzalo se volvió cortante.
—Florinda, no creas que estamos en deuda contigo. En su momento, todo el mundo sabía que Raimundo y Elvi eran la pareja de oro. Pero él tuvo ese accidente de carro y quedó en estado vegetal, por eso te hicimos casarte en su lugar.
Paloma la miró con desdén.
—Mírate, Florinda. En estos tres años de matrimonio te has convertido en un ama de casa que solo vive para su marido, mientras que Elvi ya es la primera bailarina de ballet. El cisne blanco y el patito feo. ¿Con qué vas a competir contra Elvi? ¡Devuélvele de una vez por todas al hombre que tanto ama!
Aquellas palabras se clavaron como cuchillos en el corazón de Florinda. Con los ojos enrojecidos, se fue de allí.
***
Florinda regresó a la mansión. Ya había anochecido. Le había dado el día libre a su sirviente Marta Rodríguez, así que estaba sola en casa. Nadie había encendido las luces; todo estaba oscuro y desolado.
En medio de la oscuridad, Florinda se sentó sola a la mesa del comedor.
El festín que había preparado estaba completamente frío, al igual que el pastel que había hecho con sus propias manos y que decía: *Feliz cumpleaños, mi amor*.
A Florinda le pareció una burla. Todo aquello, al igual que ella, era un chiste.

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