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La Revancha del Patito Feo romance Capítulo 54

Florinda se arregló la camisa blanca y se giró para mirar a Raimundo.

El celular seguía en la mesita de noche. Él no lo miró, ni contestó, dejando que el tono de llamada sonara una y otra vez.

No había contestado la llamada de Elvira.

Probablemente, era la primera vez que eso sucedía.

Raimundo, alto y de piernas largas, se puso de pie y se quitó el saco negro que llevaba puesto.

Debajo llevaba una camisa blanca, cuya espalda estaba manchada de sangre. Florinda recordó el latigazo que la abuela le había dado.

Aquel golpe le había abierto la piel, pero él, con su temple de acero, no había mostrado ni una pizca de dolor.

Esas heridas necesitaban ser tratadas, o se infectarían.

—Voy por el botiquín para curarte la espalda —dijo Florinda.

Raimundo se giró para mirarla, con una sonrisa dibujada en los labios.

—¿No que no querías hablarme?

Florinda se agachó para coger el botiquín.

—Solo no quiero que la abuela se preocupe.

Raimundo se sentó en la cama.

—Quítate la camisa —le indicó Florinda.

Obediente, Raimundo se quitó la camisa blanca, dejando al descubierto su torso musculoso.

Era la primera vez que Florinda lo veía sin camisa. Tenía los hombros anchos y los músculos definidos pero no exagerados, con un abdomen marcado por seis cuadros discretos en lugar de los ocho ostentosos de gimnasio.

La línea en V de su torso descendía hasta perderse en el pantalón negro, ceñido a la cintura por un cinturón de cuero caro y elegante.

Era la personificación de la belleza masculina, y el rostro de Florinda se encendió de inmediato.

No sabía dónde mirar.

En ese momento, la voz magnética y burlona de Raimundo resonó:

—Ahora estamos a mano.

Florinda, confundida, preguntó:

—¿A mano de qué?

—Hace un rato yo te vi a ti, y ahora tú me has visto a mí.

—¡Claro que no te vi! —replicó Florinda.

—¿Y por qué estás sonrojada?

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