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La Revancha del Patito Feo romance Capítulo 53

—¿Por qué no me haces caso?

Sonaba como si la estuviera mimando.

Cuando un hombre del estatus y poder de Raimundo se dignaba a consentir a una mujer, era fácil caer en la ilusión de un afecto profundo, una trampa seductora.

Pero Florinda se mantenía lúcida, porque sabía muy bien que el afecto de Raimundo nunca sería para ella.

Todo se lo había dado a Elvira.

Florinda bajó la mirada, intentando levantarse de nuevo.

—¡Suéltame!

La sonrisa de Raimundo se hizo más evidente.

—¿Estás enojada?

A Florinda le pareció ridículo.

—¿Qué derecho tengo yo a enojarme?

—Hoy se me fue la mano, ¿te lastimaste la cintura?

—No —negó ella.

La mano grande de Raimundo se posó en la curva de su cintura, sujetándola con suavidad.

—¿Fue aquí? —preguntó en voz baja.

Sí, fue ahí.

Cuando se bañó, vio que tenía un moretón morado y azulado. Seguramente tardaría mucho en desaparecer.

Ahora, la zona herida estaba suavemente cubierta por la palma de su mano. La mano del hombre, cálida y larga, envolvía su herida con delicadeza.

Pero Florinda sentía un fuerte rechazo.

No le gustaba que le diera una de cal y una de arena, y mucho menos su compasión.

Preferiría que siguiera siendo cruel con ella.

Al fin y al cabo, la herida de su cintura sanaría con o sin su preocupación.

Florinda intentó apartar sus dedos, empujando su mano.

—¡No fue ahí! ¡No me pasó nada! ¡Presidente Ortega, por favor, suélteme!

Era la primera vez que Raimundo la veía enojada. Había visto a otras mujeres enfadarse, como Elvira, que hacía berrinches y exigía que la consintiera.

Pero cuando Florinda se enojaba, se encerraba en sí misma y no decía nada, como un gato callejero: silenciosa y dócil, tan dócil que daban ganas de llevársela a casa.

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