—Yo... yo... —Blanca apartó la mirada, incapaz de articular palabra. Pensó que podría ocultarlo un tiempo más, nunca imaginó que la bomba estallaría tan pronto.
—¡Habla!
—Los... los papeles de la propiedad se los transferí a Mila.
—¡Idiota! —Esteban casi se desmaya de la rabia. El dedo con el que señalaba a Blanca temblaba sin control—. ¿Tienes idea de la estupidez que acabas de hacer? ¡No se trata solo de una casa, es mi dignidad!
Si la alta sociedad se enteraba de que esa maldita niña les había robado su propia casa y, peor aún, que los había puesto de patitas en la calle, ¡la familia Quiroz sería el hazmerreír de todos!
—Mila, ¿estás loca? —Elías abrió los ojos de par en par, totalmente atónito—. ¡¿Te atreviste a quitarle la casa a Luna?!
—¡Mila, te lo advierto! ¡Si no quieres que te echemos a la calle, devuelve esos papeles ahora mismo! Quizás, por nuestra sangre, ¡te dejemos quedarte a vivir en el cuarto de servicio!
—Ja.
Mila soltó una carcajada. Miró a Elías como si estuviera viendo al ser humano más estúpido del planeta.
—Elías, veo que cambiaste tu cerebro por esa cara bonita que tienes.
—¿No entiendes el español? Ahora yo soy la dueña de este lugar. Y los que se van a ir a la calle... son ustedes.
Su mirada de hielo repasó a Esteban y a Blanca.
—Ah, por cierto, solo para que lo sepan, a Ariel y a Luna ya los echaron a patadas hoy al mediodía.
Un destello de odio apareció en los ojos de Esteban, quien intentó reprimir su furia:
—Mila, después de todo somos familia. ¿De verdad tienes que ser tan cruel?
—¿Familia? —Mila lo miró como si le hubieran contado el mejor chiste del mundo y negó con la cabeza—. ¿Alguna vez me consideraron parte de la familia?
—El día que salí de la cárcel, ¿fueron a buscarme? No. ¡Estaban muy ocupados viendo cómo hacer que Luna, su hijastra, lograra casarse con algún millonario!
—Para ustedes siempre fui inferior a Luna, alguien sin ningún talento que los hiciera sentir orgullosos. Solo era una basura vergonzosa.
—Si hace cuatro años el abuelo no hubiera ordenado que la sangre de los Quiroz no podía quedarse en la calle, apuesto a que ni siquiera me habrían traído de vuelta, ¿verdad?
Cada una de sus palabras cayó con peso, cargadas de un resentimiento acumulado durante años.
Cualquiera sentiría compasión al oírlas, pero para la familia Quiroz, solo resultaban molestas e irritantes.
—¿Por qué no piensas en tus propias acciones? Desde que llegaste solo buscaste llamar la atención y conspiraste contra Luna en cada oportunidad. ¡Con esa personalidad tan podrida que tienes, no mereces ser mi hermana! —Elías contraatacó con desdén—. Luna no será biológica, pero es una niña buena y comprensiva. Tiene la educación y el nivel de una señorita de la alta sociedad. ¡Tú eres una simple gata salvaje comparada con ella!
—Idiota —Mila cerró los ojos por un segundo; hablar con un imbécil era desperdiciar oxígeno—. Entonces te deseo que seas el buen hermano de Luna para siempre. Quédate a su lado, aunque al final te exprima hasta dejarte en la ruina.

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