Mila pensaba exactamente lo mismo. La situación era más que evidente: Evelyn había formado una barrera humana para impedir que Víctor y su grupo se acercaran a la habitación del hospital.
Incluso si intervenían en ese momento, lo único que lograrían sería hacer que el escándalo fuera aún mayor.
—¡Evelyn, quítate del camino! —exigió Víctor, con el rostro pálido de rabia—. He traído al mismísimo Doctor Azul. El abuelo se va a curar muy pronto, ¡no necesita ningún trasplante de riñón!
Evelyn le lanzó una mirada rápida al anciano de traje sastre, luego observó a Ariel y a Luna Quiroz, y finalmente fijó sus ojos en su primo.
—Víctor, lo siento mucho —respondió con frialdad—. Mi hermano mayor dio órdenes estrictas. Nadie puede acercarse al abuelo, y mucho menos personas de dudosa procedencia.
—¿A quién llamas de dudosa procedencia? —Ariel frunció el ceño, dando un paso al frente con actitud imponente—. Soy Ariel Quiroz, vicepresidente ejecutivo de la Corporación Quiroz. Ella es mi hermana, Luna.
Señaló al anciano a su lado con un tono cargado de arrogancia.
—Y este respetable señor es el Doctor Azul. Mi hermana hizo un sacrificio inmenso para convencerlo de que viniera a ayudarnos.
¿La familia Quiroz?
Evelyn levantó una ceja. Aunque el poder de esa familia no era el mismo de antes, seguían teniendo peso en Valle Plateado. No podía subestimarlos.
—Vaya, el joven Ariel y la señorita Luna. Es un placer —dijo Evelyn, cambiando su expresión a una sonrisa de cortesía, aunque su tono seguía siendo inflexible—. Sin embargo, mi hermano fue muy claro, y me ponen en una situación muy difícil. Les pido que se retiren, por favor. No me compliquen las cosas.
—¡Deja de hacerte la mosquita muerta, Evelyn! —estalló Víctor, incapaz de contener su furia—. ¡Sé perfectamente lo que trama Jaime! Tiene miedo de que yo salve al abuelo y eso amenace su puesto como heredero principal. ¡Pero escúchame bien, a mí no me importa su maldito puesto! ¡Solo quiero que mi abuelo despierte!
—Si de verdad te importa el abuelo, ¡quítate del medio y deja que el doctor lo revise!
—Señorita Evelyn, todos aquí somos familia, ¿quién no desearía la salud de nuestros mayores? —intervino Luna con una voz dulce y una expresión de infinita compasión—. Estoy segura de que usted es una mujer razonable y no jugaría con la vida de don Máximo, ¿verdad?
Las pupilas de Evelyn se contrajeron. Ese tonito lastimero y esa actitud de víctima abnegada le resultaban insoportablemente familiares.
Suspiró, fingiendo impotencia.
—Por supuesto que quiero que mi abuelo despierte. Pero Jaime lo dejó claro: no hay más alternativa que el trasplante. Si probamos métodos extraños, solo empeoraremos su estado y entonces... será demasiado tarde.
—Yo no voy a cargar con esa responsabilidad.
El rostro de Ariel se ensombreció. Pensó que el prestigio del famoso doctor les abriría todas las puertas, pero Evelyn resultó ser una víbora astuta.
De inmediato, le hizo una seña al anciano.
El viejo entendió el mensaje. Dio un paso al frente, levantó la barbilla con aire de superioridad y se acarició la barba.
—Llevo décadas ejerciendo la medicina, arrebatándole almas a la muerte. La gente me llama milagroso. Ya revisé el expediente del señor Centeno, y les aseguro que tiene cura.
—¡Evelyn, ¿lo escuchaste?! ¡El doctor dice que puede curarlo y tú sigues estorbando! —Víctor apretó los puños, con las venas de la frente a punto de estallar. Quería entrar a la fuerza.

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