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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 132

Mónica apretó los puños mientras los recuerdos de aquella época la asaltaban sin piedad.

Cuando la acusaron de robar los secretos de la empresa, ese hombre al que llamaba padre la miró con una frialdad espeluznante, como si fuera la peor escoria del mundo.

No la defendió en lo absoluto; por el contrario, le cruzó la cara de una bofetada.

Ese golpe no solo le rompió el labio, sino que destruyó cualquier rastro de amor y confianza que sentía por él.

Esa mirada cargada de asco y resentimiento aún se le clavaba en el alma. Dolía mucho más que el desprecio de cualquier extraño.

*Yo no tengo una hija como tú.*

*¡Eres una maldita vergüenza!*

Cada insulto, cada maldición escupida por él, seguía marcada a fuego en su mente. Era una herida abierta que punzaba en los nervios de Mónica.

Cuando la incriminaron, todos, incluido su propio hermano Jaime, la señalaron como la culpable.

Como patriarca de la familia, su padre era su única tabla de salvación.

Ella le suplicó, esperando que hiciera justicia y la sacara de ese infierno. Pero la intervención de su padre solo sirvió para cortar la cuerda y dejarla caer al vacío.

—¡Jaime, da la cara, cobarde! —rugió Víctor, haciendo eco en los pasillos vacíos de la zona VIP del hospital.

La puerta de la habitación seguía cerrada. Estaba claro que Jaime pretendía esconderse como una tortuga, usando a Evelyn como escudo.

—Víctor, estamos en un hospital, ¡contrólate! —Evelyn frunció el ceño, adoptando un tono estrictamente profesional—. Si sigues armando un escándalo, haré que mis hombres te echen a la calle.

Apenas terminó de hablar, una fila de guardaespaldas vestidos de negro se acercó de forma amenazante, formando un muro infranqueable.

Al ver que la situación estaba a punto de estallar, Ariel sintió que le sudaban las manos. Había movido cielo y tierra para conseguir al famoso Doctor Azul. Si ni siquiera podían cruzar la puerta, todo su brillante plan se iría a la basura.

—Vaya, qué ambiente tan animado.

Una voz fría pero cargada de burla cortó la tensión del lugar.

Todos voltearon al mismo tiempo. Mila Quiroz caminaba hacia ellos con paso relajado, irradiando un aura indomable.

Su intención original era quedarse observando el espectáculo desde lejos, pero si no intervenía ahora, la obra de teatro se quedaría a medias.

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