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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 152

—Tío Héctor, creo que esta es mi primera visita oficial a tu casa, ¿no es así? —dijo Nuno, haciendo girar las cuentas de ónix sin alterar su tono monocorde.

—Así es —suspiró Héctor, fingiendo un tono de ligero reproche—. Te he estado esperando por mucho tiempo, pero desde que tomaste las riendas de la familia Páez, apenas tienes tiempo para sentarte a tomar un café con tu tío.

Al llegar a este punto, Héctor cambió de táctica para sondear el terreno.

—Pero imagino que esta repentina visita no es solo para saludarme, ¿verdad, Nuno?

Una sonrisa burlona asomó en los labios de Nuno, clavando su mirada de nuevo en Paola.

—Eso tendrías que preguntárselo a tu querida hija.

—Yo... ¿Qué hice yo? —balbuceó Paola, sintiendo que la voz le fallaba.

—Paola Páez, este hombre... ¿te resulta familiar? —Nuno inclinó la cabeza ligeramente y le dio una mirada a Sebastián.

Sebastián entendió al instante. Levantó el pie y pateó a Axel en la espalda con tanta fuerza que el hombre cayó de bruces a los pies de Paola.

—¡No lo conozco! ¡No sé quién es! —gritó Paola, retrocediendo despavorida y negando con la cabeza como loca.

Nuno no se inmutó. Con absoluta tranquilidad, tomó el celular de Axel que descansaba en la mesa de centro, tecleó en la pantalla y devolvió la última llamada.

Un segundo después, el timbre de un teléfono rompió el tenso silencio de la sala.

El sonido provenía del bolsillo de Paola.

Ese estridente timbre fue como un martillazo directo al corazón de la chica, destrozando cualquier excusa.

—¿Y ahora? —Nuno entrecerró los ojos, desprendiendo un aura letal, arrinconándola con la mirada.

La barrera psicológica de Paola se hizo pedazos. Presa del pánico, sacó su teléfono intentando colgar mientras las lágrimas brotaban a raudales.

—¡Nuno, por favor, perdóname! ¡Me equivoqué! ¡De verdad me equivoqué!

Lloraba desconsolada, suplicando piedad.

—No debí contratar a nadie para lastimar a Mila, solo fue un arranque de ira... —sollozó sin control.

Héctor miró al hombre destrozado en el suelo y luego a su hija, que lloraba a mares. De inmediato comprendió la gravedad del asunto.

¡Esta estúpida se había atrevido a contratar a un sicario!

¡Y, para colmo, el objetivo era la mujer de Nuno Páez!

Todo el mundo sabía que Mila Quiroz no solo estaba comprometida con Nuno, sino que se había ganado el respeto absoluto del patriarca de la familia. Si algo le pasaba a esa mujer, el abuelo los desheredaría a todos sin dudarlo.

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