Héctor se dejó caer lentamente en el sofá, con el rostro ensombrecido. En el fondo de sus ojos brillaba una astucia contenida; parecía estar sopesando la situación, pero en realidad, esperaba el momento para atacar.
El proyecto de energía renovable era un dolor de cabeza, y todos los puestos clave estaban ocupados por su gente de confianza. Incluso si se lo entregaba a Nuno, el muchacho no sacaría ningún provecho. Al final, para que el proyecto avanzara, tendría que rogarle ayuda.
Sin embargo, Nuno no mordió el anzuelo. En lugar de eso, fue directo a la yugular, exigiendo el diez por ciento de las acciones de la corporación Páez.
Ese diez por ciento parecía poco, pero era su pilar dentro de la empresa familiar. Si se lo quitaban, equivalía a cortarle las alas; su influencia en la corporación quedaría reducida a cenizas.
—Nuno, somos familia. ¿Estás seguro de que quieres llegar a estos extremos? —preguntó Héctor en voz baja, cargada de una amenaza implícita.
Nuno soltó una carcajada seca, su tono era tan frío como el hielo.
—Tío Héctor, cuando tu hija pagó para matar a mi mujer, ¿se acordó de que somos familia?
Un destello gélido cruzó la mirada de Nuno, clavándose como una cuchilla en su tío.
—Además, el compromiso entre los Páez y los Quiroz fue sellado por ambos patriarcas. Al atacar a Mila, Paola no solo ofendió a la familia Quiroz... le escupió en la cara a nuestro abuelo.
—Dices que llego a extremos... —Nuno se puso de pie de golpe y pisó con fuerza el pecho de Axel, quien agonizaba en el suelo.
—Eso es porque no me has visto cuando de verdad quiero destruir a alguien.
Las pupilas de Héctor se contrajeron y sus puños se apretaron bajo las mangas de su saco. En los ojos oscuros y profundos de Nuno leyó un odio absoluto y sin disimulo.
Ese odio tan repentino y escalofriante hizo que el corazón de Héctor diera un vuelco. ¿Acaso este infeliz había descubierto la verdad sobre aquel accidente de auto?
—Mi paciencia tiene un límite, tío —dijo Nuno, retirando el pie y acomodándose el puño de la camisa con total indiferencia—. No creo que quieras echar a la basura todo lo que has construido en estos años, ¿verdad?
Héctor apretó la mandíbula. Tras un largo silencio, dejó escapar un suspiro de derrota, pareciendo envejecer de golpe.
—¡Está bien! Lo que hizo Paola es imperdonable. Para enmendar su error, acepto ceder el diez por ciento de mis acciones.
Una ligera sonrisa asomó en los labios de Nuno; el resultado no le sorprendía en absoluto.
—Sabía que eras un hombre razonable, tío. Pero te aconsejo que vigiles más a tu hija. Un solo descuido puede derrumbar un imperio.
Dicho esto, Nuno le hizo una señal a Sebastián y, dándose la media vuelta, salió caminando con paso firme de Villa del Lago.
Con la partida de Nuno, la presión en la sala no disminuyó, sino que cayó bajo cero. El aura violenta que emanaba de Héctor hizo que todos los sirvientes temblaran de terror.
—Papá, yo...
¡Plaf!
El sonido de otra brutal bofetada resonó en la sala.
Héctor la golpeó con el dorso de la mano, girándole la cara por completo. Paola se llevó la mano a la mejilla ardiendo, con los ojos llenos de lágrimas, pero tan aterrada que no se atrevió a emitir un sonido.
Aunque era una niña mimada, sabía perfectamente lo que significaba perder ese diez por ciento. Esta vez había cometido un error imperdonable.

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