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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 186

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—Sí, socios —Mila soltó una risa irónica, con un destello gélido en los ojos—. Pero creo que nuestra sociedad terminará en menos de un año.

Nuno entrecerró los ojos:

—¿En menos de un año? ¿Crees que puedes destruir por completo a la familia Quiroz en ese tiempo?

—Más o menos —Mila levantó la comisura de los labios en una sonrisa fría—. Son mucho más codiciosos y arrogantes de lo que pensé.

—Creí que el abuelo sería alguien formidable, pero al final, no es diferente de Esteban Quiroz.

Si durante la fiesta, Don Nicolás hubiera dejado aunque fuera una pequeña vía de escape por amor a ella, tal vez Mila los habría perdonado. Pero ahora...

ya no era necesario.

Nuno se acercó lentamente, poniéndose a su lado para contemplar la ciudad:

—Estaré esperando... que llegue ese día.

¿Qué estaba esperando exactamente? ¿El fin de su acuerdo, o verla libre por fin de los fantasmas de su pasado?

Por primera vez, se sentía confundido.

Mila alzó la mano y cerró el puño contra el aire, como si atrapara su destino:

—Yo también.

—Voy contigo —dijo Nuno, mirando el rostro decidido de la mujer a su lado.

Mila se sorprendió:

—¿Qué?

Nuno sonrió, con una mirada burlona:

—Me imagino que los Quiroz te están esperando para exigirte explicaciones. ¿Cómo podría perderme un espectáculo tan bueno?

La mansión de la familia Quiroz.

La presión en el aire era asfixiante, como el preámbulo de una tormenta.

Don Nicolás estaba sentado en el lugar de honor, con ambas manos apoyadas en su bastón, su rostro severo irradiando un aura intimidante. Esteban y Blanca estaban a los lados, con expresiones cargadas de furia contenida. Ariel y Luna Quiroz estaban de rodillas en la alfombra, con la cabeza gacha, apenas atreviéndose a respirar, como corderos esperando su sentencia.

En el sofá de invitados, Dante Valente y sus dos hijos observaban en silencio, con rostros inescrutables.

El sonido de un motor apagándose se escuchó desde el exterior.

Los corazones de todos dieron un vuelco y clavaron la mirada en la entrada.

La protagonista de la noche había regresado.

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