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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 187

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Mila miró de reojo a Nuno, sintiéndose un poco desconcertada. Supuestamente él solo venía a ver el espectáculo, pero estaba usando toda su artillería para protegerla.

Esa actitud posesiva, ¿acaso lo hacía para que ella le debiera un favor y pudiera controlarla después?

—Yo estaba al tanto de que Mila y Nuno ya firmaron sus papeles —habló de pronto Don Nicolás, con tono sereno.

—Padre, ¿cómo es que no me informó de algo tan importante? —preguntó Esteban, alterado.

—Si de verdad les importara Mila, lo sabrían —La frase de Don Nicolás dejó a Esteban sin palabras.

En un instante, la forma en que Esteban y Blanca miraban a Mila cambió por completo.

Un compromiso podía romperse, pero un matrimonio era un lazo firme. El apoyo incondicional de Nuno destruía cualquier sospecha de que fuera un matrimonio falso.

Dante Valente, observando desde un lado, entrecerró los ojos.

Esta hija biológica recién recuperada era un problema mayor de lo que imaginaba. Respaldada por su estatus como la señora Páez, Don Nicolás jamás se enfrentaría a ella por defender a un par de fracasados. Las matemáticas eran simples: no valía la pena enemistarse con ella.

—Mila, ha sido duro para ti —El rostro tenso de Don Nicolás se suavizó de golpe—. Ya que Nuno está aquí, quédense a dormir en la mansión esta noche.

—Me parece perfecto —aceptó Nuno, sin darle tiempo a Mila a negarse.

Mila puso los ojos en blanco, quejándose internamente: ¿qué rayos trama Nuno? Venir a ver el drama era una cosa, ¿pero quedarse a dormir?

—¡Ariel, Luna! —Don Nicolás cambió el tono de su voz, dirigiendo una mirada feroz hacia los dos jóvenes arrodillados—. ¿Reconocen su error?

—Abuelo, sé que me equivoqué —Ariel apretó los dientes, lleno de humillación—. Fui un imbécil y cometí un error estúpido. No volverá a pasar.

Luna lloraba a mares, llevando su actuación de víctima al extremo.

—Abuelo, fue un impulso. Tuve miedo de que, al volver mi hermana, mis padres dejaran de quererme, y por eso hice algo tonto... Prometo aprender de mi hermana y no volver a equivocarme.

Don Nicolás asintió, dispuesto a cerrar el asunto, pero Mila se puso de pie.

Todas las miradas la siguieron de inmediato.

Mila caminó lentamente hasta plantarse frente a Luna, mirándola desde arriba.

¿El abuelo quería dejar las cosas así? Ella no lo iba a permitir.

Sintiendo la fría sombra sobre ella, Luna se estremeció y levantó la cabeza, topándose con la mirada glacial de Mila.

Sin previo aviso, Mila levantó la mano...

¡Plaf!

Una sonora y violenta bofetada resonó en la sala.

—Luna Quiroz, ¿cuántas veces te lo tengo que decir? —Mila se sacudió la muñeca, con una voz helada—. ¡No me llames hermana, no tienes el derecho!

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