A todo el mundo se le cayó la mandíbula.
En unos cuantos minutos hubo un montón de revelaciones y secretos que nadie se imaginaba.
¿Esa "fracasada" de Mila, a la que Felipe no se cansaba de pisotear, era en realidad un genio que hasta Davis admiraba? Con esto quedaba más que claro que Felipe era un imbécil y no veía más allá de sus narices.
—Imposible... esto tiene que ser mentira... —balbuceaba Felipe, como si se le hubiera venido el mundo encima—. Mila no era más que una inútil arrastrada, ¡¿cómo va a resultar ahora que es alguien tan importante que yo ni le llego a los talones?!
—¡Felipe, reacciona!
Luna se aferró del brazo de Felipe, consolándolo desesperadamente en voz baja:
—¡No te desmorones! ¡Si te rindes, nos quedaremos en la calle!
—¡Dime, Luna, diles a todos que esto no es verdad! —Felipe la agarró por los hombros con una fuerza bestial—. ¡Diles!
—¡Es todo un engaño! ¡Todo esto fue planeado por Mila para arrebatarte lo que es tuyo! —Luna apretó los dientes, siguiendo con su teatro—. ¡Felipe, no puedes bajar la guardia! Si aceptas la derrota, serás el hazmerreír de todo el mundo y todo el esfuerzo que has puesto se irá a la basura.
—¡Sí, no me puedo dar por vencido! —Felipe se giró hacia Mila, como si hubiera perdido la razón—. ¡Tus videos, los que testifican a tu favor, todos son unos mentirosos! ¡Me niego a aceptarlo!
Mila negó con la cabeza, soltó un suspiro y apuntó directamente a Luna, desprendiendo un aura abrumadora:
—Ya que te gusta aferrarte a tus mentiras, hagámoslo fácil. En este mismo instante, Luna y yo diseñaremos una joya en vivo.
—A ver de qué cuero salen más correas. Así todos verán quién es quién de una vez por todas.
El color se le escurrió de la cara a Luna por completo. Aunque había "estudiado" diseño, todos sus títulos habían sido comprados. Si le pedían dibujar algo en serio, hasta el boceto más sencillo expondría su farsa.
Un solo trazo, y el teatro se venía abajo.
—¡Vas, Luna! ¡Yo confío en ti! —Felipe la apresuró entusiasmado, con los ojos desorbitados—. ¡Ándale, aplasta a Mila con tu talento!
A Luna se le escapó un sudor frío. Lejos de aplastar a nadie, ella solita se estaba metiendo en la boca del lobo.
—Felipe, yo...
Y sin poder decir más, puso los ojos en blanco, se fue de lado y fingió desmayarse redondita.
—¡¿Luna?! ¡¿Qué te pasa?! —Felipe palideció y la agarró antes de que cayera al suelo—. ¡Por favor, no me asustes así!
Mila soltó una carcajada y sacudió la cabeza, impotente:
—Felipe, ¿tienes el cerebro de adorno? Luna está fingiendo desmayarse para no hacer el dibujo, ese truco está más viejo que nada.
—¡Cállate, Mila! —rugió Felipe, furioso—. ¡Luna ha sido enfermiza desde niña, se desmayó por toda la presión que tú le pusiste encima!
—Sale, si tú lo dices... —Mila ladeó la cabeza y le echó una mirada a Katia.
Una sonrisa traviesa se asomó en los labios de Katia, y tronó los dedos con fuerza:
—Vaya, qué casualidad. Casualmente traje a un equipo médico de primera clase, especialistas en tratar "males misteriosos".
Dicho y hecho, un equipo de doctores y enfermeras entró al salón en fila, listos para la acción.
Al oír los pasos, a Luna se le movió un poco el párpado. Por dentro, estaba que se la llevaba el diablo: *Mila, ¿eres el diablo en persona o qué? ¿De verdad me vas a acorralar así?*

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