Regalarle un artículo de treinta y dos millones con tanta ligereza no era normal; se negaba a creer que lo hiciera solo por ganar su amistad.
Si solo quería ser su amiga, no debió haber pujado en su contra. Lo lógico habría sido esperar hasta alcanzar un precio razonable, mostrar sus buenas intenciones y luego retirarse. Pero esto...
Esta mujer no solo pagó una locura en sobreprecio por la estatua, sino que luego se la entregó en bandeja de plata sin siquiera parpadear.
O era alguien estúpidamente rica, o tenía un plan muy oscuro entre manos.
Mila dio un sorbo a su té y dijo con absoluta tranquilidad:
—La Estatua de Cristo es mi regalo de cortesía para usted. Puede usarla para regalársela a quien necesite y así darle una nueva oportunidad de vida a Reliquias del Sur.
—Dígame de una vez, ¿quién es usted?
Natalia frunció el ceño y clavó sus ojos en Mila, como si deseara atravesar todos sus disfraces.
Sin embargo, por más que rebuscó en su memoria, no logró identificarla. Cualquiera con peso y renombre en Valle Plateado debía ser alguien a quien ella reconociera de inmediato.
En ese momento, Mila se quitó el sombrero de ala ancha y las gafas de sol, dejando al descubierto un rostro joven.
—Esto... —El rostro de Natalia palideció de golpe. Le resultaba inconcebible que la mujer frente a ella, tan insultantemente joven, poseyera tal fortuna y exhibiera un temple y una serenidad que muy pocos a su edad podían lograr.
—Permítame presentarme —dijo Mila, esbozando una sonrisa—. Mi nombre es Mila Quiroz, y soy la hija biológica de Esteban Quiroz. Técnicamente, debería llamarla tía.
El rostro de Natalia se ensombreció por completo; con razón sintió que esa cara le resultaba tan familiar.
—No puedo creer que seas una Quiroz. Según recuerdo, la verdadera hija de mi idiota hermano menor había regresado del campo y luego fue enviada a prisión. ¿Te acaban de soltar?
Al llegar a ese pensamiento, sintió un escalofrío en el pecho; aquella chica era aún más aterradora de lo que imaginaba.
Alguien que regresaba del campo y pasaba cuatro años en la cárcel debía tener una vida arruinada.
Pero viendo la actitud actual de Mila, era obvio que contaba con una riqueza abrumadora y un poder inimaginable.
—Tía, sé que tiene muchas dudas y que desconfía de mí. Pero como le dije, no le deseo ningún mal —continuó Mila con serenidad—. Sé que hace años rompió lazos con el abuelo, dejó a la familia y se abrió camino sola en Valle Plateado, construyendo lo que hoy es Reliquias del Sur.
—Su negocio tiene el potencial para ser el mejor de la industria. Sin embargo, por mucho que lo intente, siempre se queda a un paso del éxito. Y ahora mismo, incluso enfrenta una crisis al no poder abrir nuevas vías comerciales y quedarse sin efectivo.
—Para salvar Reliquias del Sur, fue a buscar a Fernán Montes, el presidente de la Cámara de Comercio, con la esperanza de aprovechar su posición y sus contactos para salir del estancamiento.
—¡¿Me estuviste investigando?!
Natalia empezó a sudar frío, sintiéndose completamente expuesta ante su sobrina, como si no pudiera ocultarle ni un solo secreto.

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