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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 94

—La familia Quiroz se vino abajo por una brutal guerra interna. Quizá no lo sepas, pero el verdadero heredero, el que debía tomar el control, no era tu padre Esteban. Era tu tío mayor, Francisco Quiroz.

—Desgraciadamente, su esposa falleció en un accidente y su único hijo quedó lisiado. Francisco se hundió en la depresión, perdió las ganas de luchar y terminó cediéndole el puesto a tu padre.

Al escuchar aquello, la mente de Mila viajó al día de su fiesta de bienvenida, recordando el rostro de su tío Francisco.

No era tan mayor, pero ya tenía el cabello completamente blanco. Y aunque sonreía, en el fondo de sus ojos solo había muerte y resignación.

Y luego estaba su tío Ramiro. Aunque parecía tener más energía, también ocultaba una amargura profunda.

Aquí había gato encerrado.

Un inútil ciego y arrogante como Esteban Quiroz jamás habría logrado llegar a la cima por mérito propio.

—Pero bueno, el pasado es pasado. A comer, a comer —Don Pedro cortó la charla, sabiendo que no era correcto ventilar más trapos sucios de los Quiroz—. Milita, ahora eres la señora de la casa Páez. No necesitas la sombra de los Quiroz para nada. Nosotros somos tu escudo.

—Gracias, Abuelo Pedro —el corazón de Mila se sintió cálido. Entendía perfectamente que esas palabras no solo eran de aceptación, sino una garantía de protección.

¡Si los Quiroz no la querían, los Páez sí!

La cena transcurrió entre risas y buena comida.

Al terminar, Mila fue a la pequeña sala de estar y preparó café y té para el anciano con sus propias manos.

—Milita, ¿para cuándo piensan organizar la boda tú y Nuno? —soltó el abuelo, lanzando una bomba justo antes de darle el primer sorbo a su taza.

Mila volteó a ver a Nuno por puro instinto, y él la miró al mismo tiempo. Ambos compartieron un segundo de absoluto pánico.

¿No se suponía que ya lo habían calmado con el tema de la boda? ¿Por qué insistía?

Nuno frunció el ceño con fuerza.

—Abuelo, ya le había explicado que ahora... no es el momento adecuado.

—¿Acaso te pregunté a ti? —le espetó Don Pedro, fulminándolo con la mirada—. Tú eres tú y Milita es Milita. Si ya firmaron los papeles, ella es la señora legítima de los Páez. ¿Pretendes tenerla escondida como si fuera un secreto vergonzoso?

Dicho eso, se giró hacia Mila, cambiando su expresión a una de pura dulzura.

—Milita, no le hagas caso a este tonto. Si tú quieres la boda, tu abuelo te la organiza mañana mismo.

Mila esbozó una pequeña sonrisa y le acercó la taza al anciano.

—Abuelo Pedro, la verdad es que... Nuno y yo pensamos lo mismo. No es el mejor momento para una fiesta.

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