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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 1210

A la mañana siguiente, Tadeo lloraba de hambre, pero tampoco quería tomar fórmula.

Celeste le entregó el biberón a la niñera y llevó a Tadeo a buscar a Julieta mientras intentaba calmarlo.

—Ya, no llores. Vamos con tu mamá.

La niñera tocó la puerta de la recámara principal.

Héctor abrió y recibió a Tadeo.

—¿Tiene hambre?

Celeste lo apuró:

—No quiere el biberón. Dile a Julieta que le dé de comer. No lo hagan esperar más.

Héctor entró con Tadeo y cerró la puerta con cuidado.

Julieta ya estaba sentada y se había acomodado la pijama.

Extendió los brazos para recibirlo.

—No llores. Ya estás conmigo.

Por fin, Tadeo pudo comer.

Succionaba con tanta ansiedad que tragaba a grandes sorbos.

Julieta le secó las lágrimas que le quedaban junto a los ojos y suspiró.

Héctor se acercó y la abrazó.

—No te preocupes. Todavía hay para él.

Ella lo fulminó con la mirada.

—Y todavía te atreves a decirlo. Esta noche duermes solo.

—¿Vas a ser tan cruel? Tendré cuidado. No voy a dejar a Tadeo con hambre.

Julieta volvió a mirarlo con enojo.

Él sonrió y los rodeó a ambos con los brazos.

El suave olor a leche le resultaba familiar.

Con su esposa y su hijo tan cerca, sentía que no podía pedirle más a la vida.

Ese día, Jairo y Mariana fueron a visitarlos.

Lo primero que hicieron fue ir a ver a Tadeo.

—Cambia todos los días. Ahora está todavía más bonito. Mira esa naricita.

Mariana sintió ganas de besarlo, pero se contuvo.

—Déjame cargarlo también.

Lo recibió de los brazos de Jairo.

Héctor aprovechó para llamarlo:

—Vamos a platicar al despacho.

Mariana se quedó con Julieta.

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