Capítulo 278 Héctor dijo:
—Te doy dos opciones. O te quedas a cuidar bien a Sofía y cumples con lo que le corresponde a una madre... y si quieres ir a juicio, también puedo seguirte el juego. O te regresas ahora mismo a Gran Bahía... o no vuelves nunca. Para Sofía, será como si nunca hubieras existido.
Julieta estrelló la botella de vino contra el suelo. El líquido salpicó hasta los pantalones de Héctor.
—¡No te pases, Héctor!
Él permaneció imperturbable.
Sus ojos negros, profundos como un abismo sin luz, la observaron con calma, aun cuando ella estaba completamente fuera de control.
Sacó un cigarro, lo encendió, inhaló con tranquilidad y dejó escapar el humo que se disipó lentamente a su alrededor.
Esa frialdad... casi cruel.
—Puedes enojarte —dijo con indiferencia—, pero con medida.
Julieta lo miró, el pecho subiéndole y bajándole con fuerza. De pronto soltó una risa fría.
—¿De verdad amas a Sofía... o lo único que amas es a ti mismo?
—No voy a abandonar a Sofía ni permitir que sufra —respondió él, —¿Entonces no piensas casarte con Adriana? ¿La vas a dejar como tu amante para siempre? — replicó Julieta con dureza.
Los ojos de Héctor se volvieron aún más frios.
—Eso no es asunto tuyo.
Julieta apretó los puños hasta que los dedos se le pusieron blancos.
La presión en su pecho era casi insoportable.
Respiró hondo.
—Si de verdad quieres lo mejor para Sofía, entonces haz pública nuestra relación. Y si tú no lo haces... lo haré yo.
Ahora mismo, todo el círculo social sabla de la relación entre Héctor y Adriana.
Si se hacía público que Adriana era la tercera, que Héctor había sido infiel dentro del matrimonio, el golpe para Grupo Central sería fuerte.
Y para una familia como los Gómez, tan obsesionada con su reputación, el impacto sería aún mayor.
Las verdades sucias de las grandes familias...
mientras no salgan a la luz, todo parece impecable.
Pero una vez expuestas, se convierten en cuchillos.
La familia Quintana jamás permitiría que Adriana cargara con el estigma de ser la amante sin hacer nada.

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