Capítulo 280 Al final, Carlos retiró la mano, se dio la vuelta y subió.
Cuando Irene lo vio regresar, preguntó:
—¿Ya? ¿Qué hablaron?
Carlos se acercó.
—Que hoy la deje tranquila.
Irene suspiró.
—De verdad no tienes remedio. Justo cuando más necesita compañía... y tú te vas.
—Mañana hablamos —respondió él.
Irene se encogió de hombros, resignada.
Julieta no durmió bien en toda la noche.
A la mañana siguiente, al ir a la cocina por agua, sonó el timbre.
Dejó el vaso y fue a abrir.
—Carlos...
Carlos la miró; su rostro reflejaba cansancio.
—¿No descansaste?
—Un poсо...
—Arréglate y sube a desayunar.
—Está bien.
No se veía muy bien.
Julieta se arregló, se maquilló y salió rumbo al departamento de Carlos.
—¡Julieta, ven a desayunar! Hoy Carlos se lució en la cocina —dijo Irene, animada.
—Buenos días, Julieta —saludó Camila.
Julieta le acarició la cabeza y se sentó a su lado. Al ver el desayuno, sonrió.
—Hoy nos consintieron.
Carlos no cocinaba con frecuencia, pero cuando lo hacía, lo hacía muy bien.
Sirvió la leche y la puso frente a ellas.
—Entonces aprovecha.
Julieta, que no había cenado la noche anterior, tenía hambre de verdad.
El ambiente, con la compañía y la presencia de Camila, le ayudó a dejar de lado, por un momento, todo lo que la atormentaba.
Después de desayunar, Irene dijo:
—Carlos, Julieta, ¿pueden llevar a Camila a la escuela?
Llevaba un termo en la mano.
Julieta la miró al instante.

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