Capítulo 30 —¡Mariana! —Carlos elevó el tono.
Un sonido seco y claro resonó en el aire. El golpe fue contundente.
Mariana se dio una bofetada a sí misma sín titubear. Luego alzó la vista y miró a Jairo:
—Esta bofetada se la devuelvo a tu hermana. Si no te parece suficiente, puedo darme otra.
El rostro de Jairo permaneció impasible. Se volvió hacia Carlos y dijo:
—Déjalo así.
—Vámonos.
Jairo lanzó una mirada a Héctor.
Héctor rodeó la cintura de Adriana con el brazo y se dispuso a marcharse.
Mariana le entregó su bolso a Julieta y dijo:
—¿No ibas a devolverle algo a Adriana?
Julieta volvió en sí. Sacó del bolso la perla blanca y se acercó a Adriana.
—Tu basura, que no quieres, no tengo por qué tirarla por ti. Mejor hazlo tú misma.
Adriana la miró con frialdad, sin intención alguna de extender la mano.
De pronto, Héctor tomó la perla.
La palma de Julieta se tensó al instante.
Al segundo siguiente, él la arrojó directamente al basurero, luego tomó a Adriana de la mano y se marchó con ella.
Jairo miró brevemente a Julieta y después apartó la vista, sin decir una palabra.
Julieta permaneció allí, con el brazo aún levantado, completamente rígida.
Mariana se acercó y la sostuvo del antebrazo.
—Julieta...
Julieta bajó lentamente la mano.
—Volvamos al reservado —dijo Carlos.
De regreso en el reservado, Mariana no pudo evitar preguntar:
—Julieta, ¿estás casada con Héctor?
Julieta solo asintió. No tenía ganas de decir nada.


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