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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 336

Capítulo 336 -Está bien. Ten cuidado. Cuando llegues a Monteluz, mándame un mensaje -dijo Carlos.

-Claro.

Al día siguiente, a las cinco de la madrugada, Julieta ya iba rumbo al acropuerto.

Tras pasar el abordaje, se acomodó en el asiento de clase ejecutiva y cerró los ojos para descansar.

Sintió que alguien se sentaba a su lado, pero no abrió los ojos.

Hasta que la sobrecargo llegó a repartir el desayuno, Julieta los abrió... y vio que quien estaba sentado junto a ella era Jairo.

Él, al notar su sorpresa, le dirigió una sonrisa educada.

-Buenos días, señorita Bianca, Julieta recompuso de inmediato su expresión.

Tomó el desayuno y comenzó a comer en silencio, sin intención de hablar.

Jairo tampoco la molestó.

Durante las dos horas de vuelo, él se mantuvo trabajando, mientras ella descansaba en silencio.

A las ocho cuarenta, el avión aterrizó puntualmente en Monteluz.

Jairo tomó su computadora y se levantó, Julieta hizo lo mismo.

De pronto, su pase de abordar cayó de su bolso.

Al agacharse para recogerlo, Jairo lo miró de forma instintiva y alcanzó a ver el nombre.

Julieta se incorporó.

-¿Pasa algo?

Jairo esbozó una leve sonrisa.

-Nada.

Al bajar del avión, él y su asistente se adelantaron y se marcharon.

Julieta desactivó el modo avión.

Había dejado un mensaje a Sofia, pero tenía varias llamadas perdidas: cuatro o cinco de la niña... у también de Héctor.

Mientras caminaba, le devolvió la llamada.

-Mamá... -la voz de Sofía estaba quebrada.

El equipo legal de Héctor era formidable, al nivel de Alfonso.

Su abogado dejó claro que su cliente no deseaba divorciarse... incluso expresó su intención de enmendar la situación.

El punto clave era que Héctor aún tenia vínculos económicos con Julieta en una empresa en el extranjero, e incluso había incrementado su inversión en sus proyectos.

Eso demostraba que no le era indiferente.

Al escuchar aquello, el rostro de Julicta se ensombrecía cada vez más.

La audiencia terminó. El fallo quedaría pendiente.

Al salir del tribunal, vio un Rolls-Royce familiar.

La puerta se abrió.

Héctor bajó del carro y caminó hacia ella, como si no notara su expresión tensa.

Se detuvo frente a ella.

-Sube.

A simple vista, no parecían una pareja en proceso de divorcio.

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