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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 438

Capítulo 438 Sergio levantó la mirada hacia Julieta.

—Maneja con cuidado al regresar.

—Descansa temprano.

Después se despidió de Gabriela y dio media vuelta para irse.

Justo cuando estaba por abrir la puerta del carro...

—¡Julieta!

La voz de Gabriela la detuvo desde la escalinata.

Julieta se quedó inmóvil un instante.

En la familia Gómez todos sabían desde hacía tiempo quién era ella.

Aun así, escuchar a Gabriela llamarla por su nombre la sorprendió.

Gabriela bajó los escalones y se acercó.

Julieta la miró con una sonrisa educada.

—Señora Gabriela.

No tenían mucha relación.

Pero al ser hija de Don Elías, Julieta siempre había notado que era una mujer mucho más amable y serena que Celeste.

Gabriela preguntó sin rodeos: —Escuché que estabas peleando el divorcio con Héctor.

Julieta asintió.

—Sí... pero retiré la demanda.

Gabriela no mostró sorpresa alguna.

Sabía perfectamente cómo era Héctor.

Si él no quería divorciarse, era casi imposible que Julieta pudiera ganarle en tribunales.

Luego preguntó: —¿Y Sofía sabe que tú eres su mamá?

Julieta no supo qué responder.

En el corazón de Sofía, ella ya ocupaba ese lugar.

Solo faltaba que Julieta lo aceptara en voz alta.

Tampoco entendía por qué Gabriela preguntaba eso.

—Supongo que, de alguna forma, sí.

Gabriela observó la amargura que se escondía en sus ojos y pareció comprender algo.

—Sé que sufriste mucho en aquel tiempo. Y aunque tengan a Sofía, entiendo que ahora te resulte difícil volver a vivir con Héctor como esposa y esposo.

Pero Sofía aún es pequeña. Se nota cuánto te quiere.

Aunque no puedas estar con Héctor de verdad... al menos dale una infancia completa y feliz. Al final, ella no tiene culpa de nada.1 Julieta entendió de inmediato.

Mauricio volteó.

—Ya llegaste.

—¿Rafael ya volvió?

—Sí. Debe estar trabajando en el estudio. ¿La pasaron bien este fin de semana?

—Sí. Me despejé un poco. Ahora sí podré concentrarme bien en el trabajo esta semana.

Julieta se sentó frente a él y hablaron un rato.

Después Mauricio preguntó: —¿Cómo están las cosas entre tú y Héctor?

Julieta sonrió con cansancio.

—Igual que siempre. Por ahora seguirá así.

Además, no tengo prisa por casarme con nadie.

Mauricio suspiró.

—Lo que tienen ahora ni siquiera parece matrimonio. La familia Gómez no te reconoce de verdad. Tú no puedes quedarte sola para siempre.

1 También podrías intentar darte una oportunidad con alguien más. 3 Lo único que él deseaba era verla divorciada cuanto antes.

Y luego casada con un hombre que de verdad la amara y la protegiera.

Las palabras de Guadalupe quizá no nacían de una buena intención completa... pero tampoco carecían de lógica. 2 Si Julieta empezaba una nueva relación, tal vez Héctor por fin aceptaría divorciarse.

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