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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 462

Capítulo 462 Rafael se puso en contacto con Yael.

Alrededor de las diez, recibió una llamada de la recepción de la empresa.

—Presidente Rafael, hay un hombre que dice ser su padre y quiere verlo. Dice que se llama Ramiro.

Al escuchar a la recepcionista, el rostro de Rafael se ensombreció.

Ramiro había llegado bastante rápido.

Tal como lo imaginaba, ya los habían investigado a fondo.

Un tipo sin oficio ni beneficio no tenía cómo averiguar todo eso por su cuenta.

Rafael respondió:

—Que espere abajo.

*** En la sala de juntas.

El proyecto de adquisición y reestructuración que el equipo de Julieta había tomado antes tuvo un giro inesperado.

Ese día, representantes de Vértice Capital llegaron de pronto para decir que querían cancelar la operación.

La razón que dieron fue que, tras considerar los cambios del mercado y sus ajustes estratégicos, habían decidido poner fin al proceso.

Pero Julieta y Mariana ya habían hecho una evaluación previa, y la adquisición y reestructuración de Vértice Capital coincidía por completo con su desarrollo futuro.

Por más que Julieta intentó negociar, la postura de Vértice Capital fue firme: habían decidido terminar.

En cuanto a los gastos generados durante la etapa previa, los cubrirían en su totalidad y harían el pago correspondiente al Grupo Altamira.

La reunión se prolongó hasta las doce del mediodía.

Julieta los acompañó hasta la planta baja para despedirlos.

Mariana miró hacia el carro que se alejaba y dijo:

—No se me ocurre quién pudo haberles presentado una propuesta más completa que la nuestra.

Después de aquella negociación, ambas lo tenían claro: Vértice Capital ya había encontrado un mejor socio.

Julieta soltó un suspiro y le ordenó a Jesús, que estaba a un lado:

—Investiga con quién ha tenido contacto la gente de Vértice Capital últimamente.

Jesús respondió de inmediato:

—Sí.

Cuando se dieron la vuelta para regresar, se toparon justo con un empleado de hotel, vestido de uniforme, que caminaba hacia la recepción de la empresa con una bolsa térmica y un ramo de rosas.

Las rosas rojas eran demasiado llamativas.

Julieta y Mariana no pudieron evitar mirar hacia el empleado.

Mariana preguntó, confundida:

—¿Y ahora qué junior vino a declararse?

Esas rosas de marca no bajaban de mil dólares.

Además, por el uniforme del empleado y el logo de la bolsa, era evidente que venía de un hotel de lujo.

—El señor Héctor me pidió que se lo entregara personalmente.

Mariana no pudo evitar soltar:

—¿Héctor se volvió loco o qué? ¿En qué estaba pensando este tipo?

—Vaya, vaya... ¿quién mandó esas rosas?

La voz de Sebastián llegó desde atrás.

Carlos y Sebastián salieron por la zona de los torniquetes.

Jesús saludó con respeto:

—Presidente Carlos. Presidente Sebastián.

Ambos asintieron apenas y caminaron hasta Julieta.

Sebastián preguntó con una sonrisa:

—¿Quién te está cortejando?

Mariana respondió:

—Las mandó ese desgraciado de Héctor.

Sebastián abrió los ojos de golpe, impactado.

—¿Héctor? ¿El mundo se volvió loco?

Carlos fijó la mirada en Julieta.

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