Capítulo 463 Julieta no quería aceptar nada, pero al ver al empleado tan incómodo, tampoco tenía caso ponerle las cosas más difíciles.
Entonces miró a Sebastián y dijo:
—Escuché que tienes una nueva novia.
Sebastián alzó una ceja.
—Todavía no logro conquistarla.
—¿En serio hay alguna mujer que se te resista?
Genial, entonces estas flores son para ti.
Julieta tomó las rosas de manos del empleado y se las ofreció a Sebastián.
Sebastián miró de reojo a Carlos. En sus labios apareció una sonrisa profunda.
Luego extendió la mano y recibió el ramo.
—Si una mujer tan guapa como tú me da flores, obvio que las acepto. ¿Soy yo el primer afortunado en recibir flores tuyas?
Julieta sonrió.
—De hecho, sí. Eres el primero.
La sonrisa de Sebastián se ensanchó todavía más.
Con el rabillo del ojo miró a Carlos y alzó ligeramente la barbilla en su dirección.
Carlos ni siquiera se molestó en hacerle caso.
Sebastián le dijo a Julieta, sonriente:
—Me siento demasiado honrado. Si tú fueras quien intentara conquistarme, te juro que no dudaría ni un segundo.
Mariana puso los ojos en blanco y soltó:
—Sigue soñando.
Julieta no pudo evitar reírse.
—Te las doy para que se las regales a tu novia.
Mariana agregó:
—¿Ya oíste? Ni siquiera son para ti.
A Sebastián no le importó.
—Con que Julieta me las haya entregado con sus propias manos, me basta.
—Ya, vámonos —dijo Carlos.
Aún tenían que asistir a una comida.
Carlos se despidió de Julieta y Mariana.
En cuanto al almuerzo que traía el empleado, Julieta le pidió a Jesús que lo recibiera.
Los tres subieron.

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