Entrar Via

La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 731

Al ver que Sergio se quedaba callado, Julieta preguntó con duda:

—¿Qué te pasa?

Sergio recuperó enseguida la expresión y sonrió.

—Nada.

Pensó que quizá era mejor no dejar que Julieta supiera que se trataba de Jairo.

Eso solo sería echar sal sobre su herida.

Julieta lo miró con sospecha.

La expresión que él había tenido hace un momento no parecía de alguien a quien no le pasara nada.

—Entonces, cuando llegue el momento, yo voy contigo. De todos modos, también necesito tomarme unas buenas vacaciones. Últimamente he estado demasiado cansado. Me vendrá bien ir a Sombrales a pasear y despejarme.

Julieta suspiró y bromeó:

—Se nota la diferencia cuando uno es el jefe. Yo voy a trabajar y tú vas de turista. De pronto siento que esto no es justo.

Sergio sonrió.

—Entonces renuncia y vente a trabajar conmigo.

Los dos bromearon, y el ambiente durante la cena fue especialmente relajado.

A media comida, Julieta fue al baño.

De pronto empezó a sentir un dolor sordo en el vientre.

Al parecer, estaba por bajarle.

Se quedó frente al lavabo lavándose las manos.

Cuando tomó una toalla de papel para secárselas, vio por el espejo a la persona que apareció detrás de ella.

Como si nada, terminó de secarse las manos y tiró el papel a la basura.

Adriana estaba de pie detrás de ella, mirándola.

Julieta la ignoró y se dirigió directamente hacia la salida.

De pronto, Adriana extendió la mano, le sujetó la muñeca y la apretó con fuerza.

El rostro de Julieta se ensombreció. La miró con frialdad.

—Suéltame.

Adriana levantó la mirada para enfrentarla.

En la comisura de sus labios apareció una curva burlona, y dijo con desprecio:

—No había notado que eras tan corriente.

El rostro de Julieta se enfrió de golpe.

Se soltó la mano con fuerza y enseguida le dio una bofetada.

El golpe sonó claro y seco.

Adriana soltó un grito. Abrió los ojos de par en par y se llevó la mano a la mejilla golpeada.

Julieta dijo:

—Sigues teniendo la boca igual de sucia.

—Adriana.

Héctor caminó hacia el baño de hombres y no volvió a mirar a Adriana.

Julieta se marchó.

Adriana se quedó de pie en el mismo lugar, apretando los dientes de odio.

Su amiga le preguntó con preocupación:

—¿Estás bien?

Adriana giró la cabeza y la miró con furia.

—Más te vale olvidar lo que viste. Si te atreves a decirlo, te voy a destrozar la boca.

La mujer que la acompañaba no podía considerarse realmente su amiga. Era solo alguien que la adulaba.

***

Julieta volvió al privado.

Al ver que su rostro no estaba bien, Sergio preguntó:

—¿Qué pasó? ¿Te sientes mal?

Julieta respondió:

—No es nada. Solo me duele un poco el vientre. Creo que voy a tener que descansar un par de días.

Sergio entendió lo que quería decir.

—Entonces, terminando de comer, te vas a casa.

—Está bien.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera)