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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 733

—De todos modos, creo que lo mejor es devolverlo.

Jimena rara vez tomaba decisiones por Julieta, pero esta vez de verdad no quería verla aceptar ese regalo.

Julieta asintió.

—Como tú digas. Pero no culpes a papá.

Jimena dijo:

—Lo sé, pero también tengo que hablar seriamente con él. Ya, tú descansa bien. Hoy duérmete temprano.

—Está bien.

Jimena tomó la caja y salió de la habitación.

En cuanto cerró la puerta, su rostro cambió por completo.

Julieta tomó el celular y estaba por llamar a la casa de Costa Dorada cuando entró la llamada de Héctor.

Contestó.

—Bueno.

Su voz sonaba sin mucha energía.

Héctor preguntó:

—¿Te sientes mal?

Julieta dijo:

—Esta noche me quedaré en casa. Todavía no se lo he dicho a Sofía.

Héctor respondió:

—Yo hablaré con ella.

—Está bien.

No tenían mucho más de qué hablar, así que colgaron.

Esa noche, Julieta se durmió temprano, sin saber lo que ocurría en otra recámara.

Jimena intentó contenerse una y otra vez, pero al final no pudo tragarse el coraje.

—Mauricio, ¿puedes tener tantita dignidad? ¿Guadalupe te manda lo que sea y tú lo recibes sin más? Está clarísimo que ella no trae buenas intenciones. Y encima me lo ocultaste. ¿Qué se supone que quieres hacer?

Mauricio tenía la cabeza baja y no se atrevía a refutar. Solo pudo quedarse ahí, aguantando el regaño.

—De verdad, no heredaste ni tantito de lo bueno de tu mamá.

Cuando Mauricio logró levantar su empresa, además de haber aprovechado el momento correcto de la época, se debió principalmente a que su madre tenía visión y un carácter fuerte, y le había dado suficiente apoyo.

Pero después de que su madre falleció por enfermedad, la empresa se sostuvo durante varios años gracias al personal clave que ella había formado.

Más tarde, sin embargo, esos empleados fueron contratados por otras compañías con mejores sueldos, y la empresa empezó a ir en picada.

Mauricio no tenía buen ojo para los negocios.

Por suerte, al menos era consciente de sus propias limitaciones.

Rafael percibió la preocupación en el tono de Sergio.

¿Cómo no iba a estar preocupado él también?

—Si él quiere reconocerla, nosotros tampoco podemos impedírselo. Pero Jairo también tiene sus propios temores. Por eso no se ha atrevido a hacerlo hasta ahora.

Sergio dijo:

—Escuché a Julieta decir que después irá a Sombrales. Jairo también está allá.

Rafael asintió.

Por un momento, el ambiente cayó en silencio.

Después de un buen rato, Sergio dijo:

—¿No vas a hablar con Jairo? Creo que, si se reconocen ahora, eso no le traerá ningún beneficio a Julieta.

Al contrario, solo aumentaría su carga emocional.

Rafael guardó silencio unos instantes y luego dijo con impotencia:

—Cuando encuentre un momento, hablaré con Jairo.

—Está bien.

Los dos conversaron un rato más sobre otros asuntos.

Cuando ya era hora, Rafael se marchó y volvió a casa.

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