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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 916

Julieta sintió que el corazón le daba un vuelco.

Al levantar la mirada, se encontró directamente con los ojos de Héctor.

—Tú...

—¿De verdad te parece solo normal?

Héctor se acercó todavía más sin apartar la mirada de ella.

La distancia entre ambos era tan corta que Julieta intentó hacerse a un lado por instinto, pero él le puso una mano sobre la pierna para impedir que se alejara.

Julieta apoyó una mano en su hombro y lo escuchó insistir:

—¿De verdad te parece normal?

Por lo visto, no pensaba darse por vencido hasta escuchar una respuesta que lo dejara satisfecho.

Julieta tensó el cuerpo y lo miró fijamente.

—Te ves muy bien. ¿Contento?

Héctor no se apartó y volvió a preguntar en voz baja:

—¿Solo muy bien?

Era evidente que aquella respuesta tampoco le bastaba.

Julieta frunció el ceño, sin intención de ceder.

—Si sigues así, vas a tener que recorrer el centro comercial tú solo.

Al ver que ya tenía el rostro enrojecido, Héctor soltó una risa baja.

—De verdad es difícil conseguir que me hagas un cumplido.

Retiró la mano, se enderezó y regresó al probador.

Solo entonces Julieta dejó escapar un largo suspiro de alivio.

Héctor ni siquiera se probó el segundo conjunto y pidió que lo empacaran directamente.

Cuando se disponía a pagar, la empleada le informó con una sonrisa cortés:

—Su esposa ya pagó la cuenta.

Héctor volteó hacia Julieta, pero ella desvió la mirada.

La empleada le entregó las bolsas con la ropa.

Él las recibió, se acercó a Julieta y dijo:

—Vámonos.

Julieta se puso de pie y Héctor le tomó la mano con naturalidad.

Después de salir de la tienda, él comentó:

—Mira, ¿qué te parecen?

Julieta revisó las imágenes.

Tenía que admitir que las fotos espontáneas que había tomado habían quedado bastante bien.

Héctor preguntó con una sonrisa:

—¿Crees que también podría dedicarme a la fotografía?

Julieta le devolvió la cámara.

—Tienes demasiada confianza en ti mismo.

—Pero ¿te gustaron las fotos?

—¿Y si te digo que no?

Héctor le rodeó la cintura con un brazo y se recargó en la baranda.

—Está claro que te gustaron. Solo que no quieres admitirlo.

Julieta lo ignoró.

En ese momento, Héctor recibió una llamada.

Por lo poco que alcanzó a escuchar, Julieta dedujo que esa noche asistiría a una cena en un crucero y que permanecería a bordo durante los dos días siguientes.

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