Yago, adoptando un tono paternal, volvió a dirigirse a Baltasar:
—Baltasar, cuéntale a tu tío abuelo qué pasó exactamente ese día. Te prometo que te ayudaré a limpiar tu nombre.
—Si tienes alguna prueba en tu poder, dámela. Yo me encargaré de hacer justicia.
Baltasar negó con la cabeza.
—No tengo ninguna prueba.
—Diseñaron una trampa perfecta para acorralarme. ¿Qué pruebas cree que podría tener?
Al escuchar esto, el rostro de Yago se tornó grave. Se dirigió a Verónica y a Cristian:
—Esto complica un poco las cosas.
—Pero, aunque sea difícil, de ninguna manera permitiremos que Baltasar pise la cárcel. Voy a regresar ahora mismo para persuadir a Efraín de que retire la demanda.
Germán asintió, miró a su hermano y dijo con voz profunda:
—Yago, te encargo este asunto.
Yago se levantó del asiento y le sonrió a Germán.
—Germán, no hace falta tanto protocolo. Baltasar es de los nuestros; no me voy a quedar de brazos cruzados mientras se pelean. Además, tú y yo ya sabemos lo que somos.
Germán soltó un simple «mjm» y añadió:
—Me alegra que aún recuerdes lo que hemos sido. Cuando esto termine, tengo algunos asuntos que anunciar. Quiero que vengas junto con Iván.
Yago asintió y salió de la mansión.
Verónica lo acompañó hasta la salida con una expresión de angustia y nerviosismo en el rostro.
—Tío, por favor, le encargo mucho esto. Cristian y yo ya no sabíamos qué hacer, por eso regresamos de urgencia. Nos aterra que le pase algo a Baltasar.
—Si le pasa algo a mi hijo, yo... yo no podré seguir viviendo.
Mientras hablaba, Verónica se secó unas lágrimas de las comisuras de los ojos.
Yago se apresuró a consolarla:


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...