Samara no se atrevió a sostenerle la mirada a Jimena; sentía que el corazón se le salía del pecho del susto.
Se mordió el labio con fuerza, pensando en suplicar clemencia, pero al recordar lo que acababa de decir sobre Jimena, sintió que el mundo se le venía encima. No tenía escapatoria.
Asintió con rigidez y respondió con voz temblorosa:
—Entendido.
Tras recibir la respuesta, Jimena se dio la vuelta y subió las escaleras.
Samara se quedó allí, lívida.
Giró la cabeza y vio que su celular seguía sobre la mesa, así que caminó para recogerlo.
Regina no había colgado. Había escuchado toda la conversación entre Jimena y Federico.
Al ver que la llamada seguía activa, Samara rompió a llorar.
—Regina, ¿qué voy a hacer ahora?
Regina tampoco sabía qué aconsejarle.
Pensaba que Samara había sido demasiado descuidada.
¿Cómo se le ocurría dejar que Jimena escuchara esas cosas?
Regina suspiró para sus adentros, pero intentó calmarla:
—Samara, voy a llamar a Federico.
—Pero el señor ya dijo que la señorita Calvo podía hacer lo que quisiera —respondió Samara con voz quebrada.
Regina, por supuesto, también había escuchado a Federico.
Se masajeó la sien, guardó silencio un momento y, justo cuando iba a hablar, Samara preguntó en voz baja:
—Regina, ¿puedo trabajar contigo?
—Sé hacer muchas cosas, y recuerdo que una vez me dijiste que si me despedían, podría irme a trabajar contigo.
Regina se quedó muda ante la petición.
Ella misma estaba en una situación precaria.
Incluso el hotel donde se quedaba lo había pagado Federico aquella noche.
Desde que rompió con Federico, la actitud de la familia Solís hacia ella había empeorado drásticamente.
Siendo una hija ilegítima, no tenía ningún estatus real en la familia Solís.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...