Federico se sintió irritado.
—¿Crees que ella me dejaría afuera?
Moisés se rio.
—Conociendo el carácter de la señorita Calvo, no me sorprendería que te cerrara la puerta en la nariz.
Elian, que estaba sentado junto a Moisés, pensó un momento y añadió:
—La familia Núñez ayudó a la familia Calvo. Por puro compromiso, la señorita Calvo no le cerraría la puerta a quien salvó su empresa, así que no creo que deje a Federico afuera.
—Sin embargo, dada su personalidad, dudo que sea muy cariñosa con él. Lo más probable es que trate a Federico como si fuera aire.
El comentario de Elian dio justo en el clavo.
Federico no dijo nada.
Al notar el silencio al otro lado de la línea, Moisés se armó de valor y preguntó bajito:
—Federico... ¿Elian tiene razón?
Federico soltó una risa fría.
—Ya que eres tan bueno analizando, ¿por qué no te vienes de analista al departamento de marketing del Grupo Núñez?
Moisés soltó una risa nerviosa que luego se convirtió en una carcajada.
—Federico, qué triste tu caso. Te fuiste de parranda con nosotros tantos días a propósito para llamar su atención, y resulta que a la señorita Calvo le vales gorro.
—Cállate y sal a beber —ordenó Federico.
—Está bien, está bien. Como me das lástima, hoy me sacrifico y te acompaño hasta que el cuerpo aguante.
Federico colgó.
Al escuchar el rugido del deportivo alejándose, Jimena salió de su habitación y se dirigió al estudio para trabajar.
Apenas se sentó en la silla de oficina, recibió una llamada de Petra Calvo.
Jimena deslizó el dedo para contestar y se puso el celular en el oído.
—Petra.
Su voz era tranquila, sin mucha emoción, pero comparada con cómo hablaba con los demás, su tono con Petra era mucho más suave.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...